La visita del papa León: una oportunidad para mirar más lejos
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La confirmación de la visita del papa León a la Argentina, en el marco de un viaje apostólico que también incluirá Uruguay y Perú, representa una noticia de enorme trascendencia para nuestro país. Más allá de las expectativas que genera un acontecimiento de esta magnitud, vale la pena detenerse a pensar qué significa realmente recibir al sucesor del apóstol Pedro.
En tiempos en los que la atención suele quedar atrapada en la inmediatez de las discusiones cotidianas, la llegada del Papa invita a levantar la mirada. Es una oportunidad para animarnos a salir del clima de confrontación permanente y reconocer que existen acontecimientos capaces de convocar a una sociedad entera alrededor de valores, esperanzas y desafíos compartidos.
La importancia de esta visita es indudable. León XIV llegará como Jefe de Estado, pero sobre todo como pastor de la Iglesia Católica. Su presencia tendrá una dimensión institucional, religiosa y cultural. Por eso puede afirmarse, sin exagerar, que se trata de uno de los acontecimientos más significativos de los últimos años para la Argentina.
Una visita apostólica es mucho más que un viaje oficial. Cada desplazamiento del Papa responde a un propósito pastoral: encontrarse con las personas, volver a anunciar a Jesucristo fortaleciendo la fe de las comunidades, alentar el diálogo, ofrecer una palabra de orientación y esperanza frente a los desafíos del momento. También quienes no comparten la fe católica podrán encontrar en su presencia una voz que interpela sobre cuestiones profundamente humanas, como la paz, la fraternidad, el cuidado de los más vulnerables, la justicia social y la construcción del bien común.
Muchos argentinos conservan todavía el deseo no concretado de haber recibido al papa Francisco. Es sabido que existió esa intención y que, por diversas circunstancias, el viaje nunca pudo realizarse. Sin embargo, sería un error mirar la próxima visita desde esa ausencia. Quien viene ahora es el papa León, con su propia historia, su sensibilidad y su manera de ejercer el ministerio pontificio. Existe continuidad entre los pontífices, pero cada uno aporta un estilo personal que enriquece la vida de la Iglesia y su diálogo con el mundo.
Quienes lo conocen destacan en León una cualidad especialmente necesaria en estos tiempos: la capacidad de escuchar. Escucha con atención y ofrece luego una palabra serena, oportuna y profunda. También sus gestos hablan. Las personas que elige encontrar, los lugares que visita y las acciones que realiza forman parte de un mensaje tan elocuente como sus discursos. Basta pensar en una visita a un centro de salud, una cárcel, un barrio popular o un santuario para comprender que esos gestos expresan con fuerza las prioridades de su ministerio.
Ya desde ahora, comienza también nuestra preparación. No se trata solamente de organizar una agenda o esperar el programa oficial. Prepararse significa disponernos a recibir el mensaje que el Papa traerá a nuestro pueblo, abrirnos al encuentro y dejarnos interpelar por sus palabras y sus gestos.
Quienes puedan participar presencialmente de alguna celebración vivirán una experiencia inolvidable. En nuestra diócesis de Gualeguaychú hemos optado por peregrinar al encuentro del papa León en la celebración que se realizará en la basílica de Luján, seguramente el miércoles 11 de noviembre. Millones de personas también podrán seguir la visita a través de los medios de comunicación, que acompañarán de cerca un acontecimiento de evidente interés nacional.
Los lugares elegidos para el itinerario fueron cuidadosamente seleccionados: Buenos Aires, como capital de la República y sede del Gobierno nacional; Córdoba, por su historia, su tradición religiosa y su ubicación estratégica en el centro del país; y Luján, corazón de la devoción mariana de los argentinos. El viaje se completará con sendas visitas a Uruguay y Perú; país, este último, al que el papa León permanece profundamente unido por tantos años de ministerio sacerdotal y episcopal que allí desarrolló.
Más allá del recorrido, el verdadero valor de esta visita estará en lo que sea capaz de despertar entre nosotros. Si deseamos que contribuya a fortalecer la unidad, el diálogo y la esperanza, también nosotros tendremos que poner algo de nuestra parte. Los grandes acontecimientos no transforman una sociedad por sí solos; necesitan encontrar un pueblo dispuesto a recibirlos y a dejarse inspirar por ellos.
La visita del papa León nos invita a levantar la mirada: una mirada que no quede sólo en la admiración de un acontecimiento excepcional. Nos impulsará a comprometernos con la construcción del bien común, poniendo siempre a la persona en el centro de las decisiones y trabajando, cada uno desde su lugar, para fortalecer la fraternidad y la comunión. Sin duda, este encuentro será una semilla de futuro, además de dejar un recuerdo inolvidable, si nos animamos a tener esa mirada más amplia que siga iluminando el camino del país mucho después de que la visita haya concluido.
Héctor Luis Zordán m.ss.cc.
Obispo de Gualeguaychú

