La vivienda, una meta lejana para asalariados
La situación de los trabajadores con respecto a la vivienda es hoy significativamente peor que en la década de los '90. Y esto porque ha crecido la brecha entre el salario y valor de las propiedades.El dato es que al cierre de 2009, el poder de compra en ladrillos se encontraba un 51% por debajo del registrado en 1997, según revela el índice de la Universidad Argentina de la Empresa (UADE).Conclusión: los asalariados argentinos tienen que trabajar más del doble de lo que lo hacían 12 años atrás, para llegar a la casa propia. Y la tendencia parece agravarse.En efecto, durante todo el año pasado, el poder adquisitivo del salario real promedio en relación al precio del metro cuadrado construido cayó 5,5%, según el informe de la UADE.El discurso oficial, relativo a que el sector salarial está mucho mejor que en la época de la convertibilidad, parece derrapar en el caso de la vivienda, que hoy luce más cara.El poder adquisitivo de las remuneraciones en términos de metros cuadrados construidos se desplomó con la crisis de 2002. Y todo indica que desde entonces no ha tenido una recuperación significativa.Ocurre que los inmuebles aumentaron en dólares mucho más que los salarios. Esta brecha explicaría por qué razón el gobierno ha tenido poco éxito con los créditos hipotecarios.Los salarios se revelan insuficientes, en estos casos, para adquirir la porción que no se financia y para afrontar luego las cuotas con los bancos. Hasta que esta ecuación no se resuelva, resulta una quimera esperar una expansión del crédito.Si los trabajadores tienen menos poder de compra en ladrillos en relación a los '90, ¿cómo se explica el boom de la construcción de los últimos años? Ocurre que este es un fenómeno ligado a una conducta típica de los sectores pudientes de la sociedad.A causa de la inestabilidad financiera crónica, en la Argentina hay una tendencia exacerbada a utilizar los inmuebles como reserva de valor, algo que se acentuó tras el descalabro de 2002, megadevaluación incluida.La pérdida de confianza en la moneda y en los bancos, hizo que los sectores más pudientes, con capacidad de ahorro, busquen un fondeo seguro en ladrillos y terrenos.La sobreinversión selectiva, como efecto lógico del mercado, ha empinado los costos de la construcción e impulsado el alza del valor de los terrenos, alejando a mucha gente de la posibilidad de la casa propia.Socialmente, la clase media aparece como la más afectada. Y esto porque el Estado, hasta ahora, ha venido financiando a los más desfavorecidos, a través de las llamadas "viviendas sociales".Los ricos, obviamente, se autofinancian sus casas. El problema es que en el medio quedó una clase a la que la brecha entre salarios y precios de las propiedades les impide acceder al techo propio.La posibilidad de acceder a la vivienda por propios medios ha sido algo que ha definido a la clase media argentina, a la cual muchos asalariados dicen pertenecer.Que la casa sea un bien de lujo desnuda el hecho de que la sociedad argentina se ha empobrecido en las últimas décadas. El país sufrió lo que los sociólogos llaman la "movilidad social descendente".Vastos sectores de la población, así, cayeron en desgracia. Aquí están los llamados "nuevos pobres", antiguos miembros de la clase media que se vinieron abajo en la escala social.Muchos asalariados que ven que tienen que trabajar más del doble de lo que lo hacían 12 años para comprar la misma vivienda, sufren en carne propia este derrumbe de sus expectativas existenciales.No es casual, por otra parte, el déficit habitacional que aqueja a la Argentina desde hace tiempo.
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