La vivienda y un déficit insoluble
En Argentina se ha convertido en una odisea el acceso al techo propio. Faltan más de tres millones de vivienda, lo que dibuja un problema social de proporciones. Sobre todo si se piensa que la vivienda no es una mercancía más. Sino que es un bien cuyo carácter social lo convierte, por antonomasia, en la "propiedad".Los gobiernos no aciertan a solucionar el drama habitacional, más allá de los planes de construcción encarados por el Estado, siempre insuficientes. Especie de paliativos al problema.Las últimas líneas de créditos otorgadas por el gobierno no logran el impacto buscado, más allá de las expectativas lógicas y la movilización de las personas hacia los bancos.Los analistas coinciden en señalar que esta financiación se moverá dentro del reino de la utopía mientras no se subsane la brecha que existe entre el valor de la cuota que exige el mercado y lo que la persona puede pagar.La clave de la cuestión, dicen, es la tasa de interés. En la época de mayor expansión de la vivienda en el país a principios del siglo pasado las tasas de los créditos hipotecarios fueron del 5%.Es la misma tasa (o mejor aún) que manejan todos los países centrales. De hecho, los especialistas aseguran que el 5% es la tasa que permitiría un gran mercado de hipotecas para los sectores de ingresos medios.Sin embargo, es un número muy lejano al 18% que el gobierno anunció hace poco como tasa preferencial en un programa financiado por el Anses.Aquí se da una paradoja: mientras para los tomadores de crédito el 18 o el 20% sigue siendo inaccesible, para el Anses representa un mal negocio (es una tasa muy baja comparada con cualquier otra alternativa de inversión).Por otra parte, los créditos anunciados por esta vía (50 mil para los próximos tres años) son una respuesta claramente insuficiente frente a la monumentalidad del déficit habitacional.El Cronista Comercial, en su edición del 18 de junio de este año, publicó un informe de la Cámara de Vivienda de la República Argentina que da cuenta que a fines de 2007 ese déficit llegó a los 3,3 millones de unidades.Allí se indica, además, que en seis años -desde el Censo 2001- el déficit se aumentó en 540.000 unidades y que la demanda de vivienda se acrecienta cada año en 285.000 (sumando las que se pierden por obsolescencia)."Contrastando con estas necesidades, lo que se construyó en ese período de seis años, sumando la obra pública y privada, son unas 700.000 viviendas nuevas, algo así como 112.000 vivienda por año", refiere el diario.Se ve claro, así, que el ritmo de construcción va muy por detrás de la demanda habitacional. "A esto hay que sumar -señala el medio- que el 50% de lo construido está destinado al segmento ABC1, que es apenas el 10% de la población".El otro 33% "son viviendas económicas construidas por el Estado y destinadas al sector de menores recursos", se indica.Ante la imposibilidad de acceder a un plan de vivienda o una línea de crédito hipotecario, muchos trabajadores de ingresos fijos, un sector importante de la población, no le queda más que afrontar el delicado proceso de arrendar un techo.Días atrás El Diario de Paraná, al hablar del problema de los inquilinos, refirió que dentro de los bulevares de la capital provincial, un alquiler de dos dormitorios en ningún caso baja de los 1.200 pesos.La ecuación no cierra, sin embargo, si mientras tanto el salario mínimo en Entre Ríos es de 1.240 pesos, un maestro cobra 1.490, y el mínimo de un estatal es de 1.220, razonaba la nota periodística.En todos los casos, los ingresos no guardan proporción ni con los alquileres ni con las exigencias de los créditos.
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