La vorágine consumista de alcohol entre los jóvenes
El 80% de los menores de 17 años toma alcohol en Entre Ríos, según un relevamiento oficial. Además, bebe el 55% de las mujeres que no han pasado los 13 años.Los datos surgen de un relevamiento realizado por la Secretaría de Lucha contra las Adicciones de Entre Ríos (SeLCA) durante 2011, entre 1.458 estudiantes.El estudio, en realidad, confirma la omnipresencia del alcohol entre los más jóvenes, en una magnitud insospechada en otra época. Esto se echa de ver, sobre todo, en la baja importante de la edad de iniciación en el consumo.Tampoco es una novedad el hecho de la fuerte incorporación de la mujer en lo que tiene que ver con la alcoholización. Al respecto, el informe de marras sostiene que el consumo de ellas es más alto a más temprana edad.Resulta interesante observar que a igual cantidad de alcohol ingerido, éste alcanza mayores niveles en la sangre de las mujeres que en la de los hombres, según los expertos.Según el estudio oficial, los adolescentes tienen una relación de tanta cercanía con el alcohol que la mitad de ellos piensa que su consumo no provoca adicción.Como ha explicado en Gualeguaychú el doctor Hugo Miguez, especialista en salud mental e investigador del Conicet, a lo que asistimos es a la modificación de los patrones de consumo de una generación.El negocio de la bebida -que cuenta con recursos millonarios y una impresionante maquinaria de marketing- ha alentado un cambio dramático de conducta individual y colectiva respecto de la bebida. Ésta ya ha dejado de participar dentro de la alimentación y el intercambio social, en el marco de una matriz cultural que reglaba la ingesta, y donde la ebriedad, específicamente, era penalizada y castigada por el grupo social.Ahora lo que prima es la "cultura del fondo blanco", como la llama Miguez, por la cual el alcohol se liberó de determinadas pautas sociales, y empieza a ser como una sustancia que altera la mente y la conducta.El concepto del consumo, sostiene el especialista, ha cambiado: "Una cosa es la participación de la bebida como una instancia de socialización y otra cosa es la búsqueda toxicológica del alcohol. Porque en realidad ahí el alcohol está funcionando exactamente como una droga. No se está apeteciendo la bebida por el gusto o el disfrute, sino simplemente por el efecto farmacológico que tiene sobre la conducta".La hipótesis de Miguez es inquietante, al dar a entender que toda una generación está siendo arrastrada a la intoxicación, en beneficio de intereses mercantiles.Parece claro, en principio, que todo consumo excesivo tiene su origen en un expendio excesivo. Aquí la industria y el comercio asociado -vinculados a la noche y la diversión- usan a los jóvenes como mercado y los vampirizan.No hace mucho el psicólogo Sergio Sinay escribió que la sociedad argentina dejó de cuidar a sus jóvenes. Y al respecto mencionó las cantidades de ellos que se matan alcoholizados en las rutas, los que llegan en coma alcohólico a las guardias de los hospitales, o los que están atrapados por la droga."Como Cronos, el titán griego que devoraba a sus hijos por temor a ser destronado por ellos, una parte significativa de nuestra sociedad, que incluye a representantes de todas las actividades y clases sociales, malogra serialmente la vida de sus hijos", escribió.Para contrarrestar la vorágine consumista alrededor del alcohol es seguro que se necesita un esfuerzo cultural gigantesco, que involucre al mundo adulto, aunque una empresa como ésta es tan vasta y difícil que suena a utopía.
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