La vuelta del vino en los pagos de Urquiza
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Alguna vez la rica tierra de Entre Ríos tuvo viñedos de calidad. Inmigrantes europeos, en el siglo XIX, trasplantaron esta actividad sobre la costa del río Uruguay.No es casual que esto haya sido así en la tierra del General Justo José de Urquiza, en cuyas propiedades, por otra parte, también se cultivó la vid. A decir verdad, la vitivinicultura entrerriana está identificada con el vencedor de Caseros.El cultivo de la vid fue una de las pasiones de Urquiza. En el Palacio San José, donde el general experimentó con todo tipo de producciones, se servía un exquisito vino patero.El famoso "patio del parral", que constituye uno de los dos grandes ambientes de esa soberbia residencia, denota esta tradición. Las vides que allí crecían se plantaron entre 1863-1865 y fueron enviadas por el naturalista Eduardo Holmberg, una de cuyas especies era la Chassela de Fontainebleau.Actualmente en chacra "La Paula" en Victoria, se recrea un viñedo del siglo XIX. Allí se implantaron, en un espacio especial, 12 esquejes de las vides del Palacio San José."Esos retoños -se lee en la página web de la bodega victoriense- continuarán siendo memoria viva de un pedazo de aquella historia, la que más tarde prosiguieron muchos inmigrantes, convirtiendo a Entre Ríos en la cuarta productora de vino en 1900, con una extensión de 4.000 ha de viñas".En efecto, así como lo imaginó Urquiza, Entre Ríos se convirtió en potencia vitivinícola, de la mano de los colonos europeos que trasplantaron aquí esta producción agrícola basada en cultivos procedentes de sus países de origen.La colonia San José, fundada en 1857 por iniciativa del caudillo entrerriano, está vinculada estrechamente a la historia de esta economía. Las 102 familias procedentes del cantón de Valais, Alta Saboya y el Piamonte, desarrollaron una actividad viñatera importante.Para 1890, en Entre Ríos se cultivaban más cepas que en Mendoza y San Juan, existían 5 millones de plantas en plena producción en esta zona, distribuidas en algo más de 1.000 hectáreas. Entre 1894 y 1916 la producción vitivinícola creció un 700%.Sin embargo esta agroindustria entrerriana, que había alcanzado un desarrollo extraordinario, fue destruida de cuajo en 1930, por una disposición del gobierno de Agustín P. Justo (paradójicamente un entrerriano de Concepción del Uruguay).En efecto, la ley N° 12.137, que estableció la prohibición de producir vino fuera de Cuyo, hizo que cerraran alrededor de 60 bodegas entrerrianas. Fue una especie de extermino económico que hizo desaparecer por décadas a Entre Ríos como productora de vino.De hecho, esta saga del vino, tan vinculada a la historia de la provincia, no está siquiera en la memoria de los entrerrianos. Esta situación ha empezado a revertirse cuando el Congreso de la Nación derogó la Ley de prohibición en el año 1993, por iniciativa de otro entrerriano, el senador Augusto Alasino.Desde entonces Entre Ríos ha retomado con fuerza esta antigua producción, de la mano de los descendientes de los antiguos colonos, como es el caso de Jesús Vulliez en Colón, cuyo abuelo saboyano era vitivinicultor."Hacer vino está en la memoria de todos los descendientes de inmigrantes, casi todos nuestros antepasados sabían cómo cultivar la vid y elaborar el vino. Incluso muchas plantas vinieron en los barcos y en los baúles desde Europa, como objetos preciados de sus vidas", ha reconocido hace poco Leonardo Centurión, presidente de la Asociación de Vitivinicultores Entrerrianos.
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