La vuelta de Duhalde
Increíble parábola de este ave fénix de la política: ayudó a encumbrar a los Kirchner en el poder, y ahora trabaja febrilmente, entre bambalinas, para reemplazarlos. Eduardo Duhalde -de él se trata- parecía hasta no hace mucho una figura del pasado, parte de lo viejo ominoso, incluso un leproso político.Pero la Argentina contemporánea es una caja de sorpresas. Ejemplo: Ricardo Alfonsín -otro que había pasado al universo de los indeseados- tuvo una reivindicación apoteótica tras su muerte.Muchos añoraron las virtudes cívicas del caudillo radical ante el espectáculo de las miserias políticas del presente. El radicalismo, en apariencia condenado a la extinción, emergió entonces con fuerza.Duhalde es otro milagro del kirchnerismo. Estaba muerto y ha resucitado. Claramente, fue uno de los ganadores de la elección del 28 de junio. Ahora nos enteramos que militó para que se diera ese resultado en las urnas.Fue uno de los mentores ideológicos de la alianza Macri-De Narváez-Solá que le aguó la fiesta a los K en la provincia de Buenos Aires, donde según éstos tuvo lugar la "madre de todas las batallas". Se diría que Duhalde tuvo su venganza: porque fue allí, a fuerza de Caja, que Néstor le birló el "aparato" del PJ bonaerense, una vez en el poder. Fue el día que los intendentes del conurbano dejaron de ser, para ese poder, la mafia que respondía a El Padrino.No se entiende a los K sin el caudillo bonaerense. Los santacruceños no hubieran tenido ninguna chance de ascenso a la Casa Rosada sin la voluntad de Duhalde.La historia se conoce: éste, tras pilotear la crisis de 2002, y sentar los lineamientos del mentado modelo, ungió a los K porque no había otros, por descarte (De la Sota y Reutemann habían desertaron).Pero el experimento kirchnerista, a los ojos de Duhalde, fue un fiasco. "Vos lo pusiste a El Flaco (por Kirchner). Ahora sacalo vos", le reprochan hoy sus amigos, según comenta en la intimidad el propio ex gobernador de la provincia de Buenos Aires.La oportunidad de desplazar a los Kirchner, al parecer, es ahora. Ni bien se enteró del resultado electoral Duhalde, que estaba en Europa -¿retiro político táctico?-, volvió a la Argentina.¿Acaso quiere ser presidente? Quién sabe. Carlos Reutemann acaba de postularlo para competir por la presidencia en 2011. Pero es una figura que halla resistencias en la opinión pública.Sus adversarios dicen que es un símbolo de las peores prácticas clientelares. Un exponente del maquiavelismo criollo. Están quienes lo acusan de haber perpetrado, tras bambalinas, el golpe institucional contra el gobierno de Fernando de la Rúa (incluidos los saqueos).Eso cree Domingo Cavallo, quien acaba de sugerirle que se convierta en ministro fuerte de un nuevo gobierno K. Ya que él es el padre de esta criatura, que se haga cargo, ironizó.Todo indica, por lo pronto, que Duhalde quiere gravitar en el proceso de sucesión del kirchnerismo. Bajo la pantalla del Movimiento Productivo Argentino, teje y desteje el relevo en el peronismo.Su encuentro reciente con Jorge Busti en Entre Ríos se inscribe dentro de estos movimientos. Sus últimas apariciones mediáticas han dado que hablar.Hace poco hizo declaraciones al diario La Nación que seguramente han dado pábulo a los kirchneristas, tan afectos a la teoría de la conspiración. "Este gobierno, como las botellas de leche, tiene vencimiento, y espero que no pase como con algunos productos que se echan a perder antes", disparó sin antestesia.La vuelta del caudillo bonaerense al centro del ring político confirma la tesis de la circularidad de la historia argentina. El Eterno Retorno, de que hablaba Nietzsche.
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