Las barras bravas y el fútbol argentino
La reciente balacera protagonizada por miembros de la hinchada de Boca Juniors, que dejó un saldo de dos muertos, ha reinstalado la pregunta acerca de por qué la violencia en el fútbol en la Argentina es más compleja que en el resto del mundo.Algunos analistas que tratan de descifrar el enigma, en vísperas de un comienzo del torneo nacional, recordaron la conclusión a que arribó en 2009 el especialista holandés Otto Adang, quien fue convocado por la Subsecretaría de Seguridad en los Espectáculos Futbolísticos, para empezar a dar soluciones al problema.Entrevistado por el diario Olé, el holandés señaló: "La solución europea en la Argentina es impracticable". Lo dijo al establecer una comparación entre el hooligan, el hincha británico de comportamiento violento y agresivo, y su similar argentino."Allá los hooligans estaban concentrados en grupos marginales sin relación con el sistema. Acá los barras están vinculados al negocio de manera sorprendente. Tienen pases de jugadores, manejan el merchandising en las calles, estacionamientos, venta de drogas y tienen vínculos con el poder político que asombran", destacó Adang.Tras lo cual sentenció: "Por eso el problema en la Argentina es mucho más grave que en el resto del mundo, porque acá hay que cambiar todo el sistema. Mientras eso no ocurra, es naif pensar en reeducar a los barras o generar un vuelco total desde la educación".Adang vino a la Argentina en el marco de acuerdos a nivel de gobierno con Holanda. Formó aquí un grupo de observación integrado por fiscales, funcionarios de seguridad, sociólogos y miembros de ONG.Dichos grupos observaron diversos partidos en tiempo real, en distintos puntos del país. El relevamiento, en teoría, pretendía establecer políticas tendientes a lograr que la pasión del fútbol deje de ser un escenario de guerra en la Argentina.En realidad el holandés vino a corroborar lo que todo el mundo, en estas pampas, viene sospechando desde siembre: si a la barra brava no la protege el club, la protege la policía y si no la protege la policía lo hace algún sindicato y si no la protege algún sindicato la protege algún político.De aquí se desprende la conclusión según la cual "acá hay que cambiar todo el sistema". La barra brava, en Argentina, no es simplemente un grupo organizado dentro de la hinchada en un club de fútbol, que alienta a su equipo con cánticos y bombos.No sólo se identifica con la utilización de banderas con los colores del club, los cuales tienen el carácter sagrado similar al del tótem (objeto o ser que en las mitologías de culturas antiguas se toma como emblema de la tribu o del individuo).Estas barras cumplen en realidad funciones extra-futbolísticas, que están más asociados a negocios turbios, a un entorno paralelo e ilegal. Como ha escrito en la página Periodismo en Línea, el español Jon Sistiaga: "En el fútbol argentino existe un inframundo que nada tiene que ver con el deporte, mancha el nombre de los buenos aficionados y produce una media de seis muertos al año".Y añade: "Puede que ser hincha sea un modo de vida, pero ser Barrabrava es un medio de vida. Porque son mafiosos, son extorsionadores, son mercenarios del fútbol argentino que hacen de la hinchada una excusa para delinquir, hay barras que facturan hasta 70 mil dólares ilícitos al mes, coaccionan al resto de la hinchada, quitan y ponen entrenadores o se ofrecen a los políticos como fuerza de choque en sus mítines".
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