Las consecuencias de una mala alimentación desde la infancia
:format(webp):quality(60)/https://eldiacdn.eleco.com.ar/media/2026/09/alimentacion_saludable_2.webp)
Hablar de mala alimentación en los niños ya no significa únicamente hablar de desnutrición por bajo peso. Hoy, los consultorios pediátricos y centros de salud de Entre Ríos enfrentan una realidad distinta: chicos con exceso de peso, pero metabólicamente malnutridos. Esto ocurre cuando la dieta diaria aporta una enorme cantidad de calorías, pero carece de las vitaminas, minerales y proteínas esenciales para el desarrollo.
El problema central radica en la composición biológica de lo que se consume. Un esquema basado en harinas refinadas, grasas saturadas, sodio y azúcares simples, presentes en la mayoría de las galletitas empaquetadas, jugos sintéticos, fiambres y golosinas, genera un impacto directo en el sistema endocrino y digestivo desde edades tempranas.
El consumo constante de azúcares de rápida absorción obliga al páncreas a trabajar al límite. Esto genera picos de energía seguidos de caídas abruptas, provocando somnolencia, irritabilidad y una demanda química del cerebro por seguir consumiendo azúcar. Por otro lado, su consumo excesivo se ve reflejado en el mal funcionamiento de la Insulina, una hormona encargada de meter la glucosa dentro de la célula, que cuando logra cumplir su función correctamente es cuando encontramos valores alterados de glucosa en sangre o lo que se llama insulinorresistencia, que cada vez se ve mas en la población infantil.
Además, se puede mencionar el bajo consumo de carne magra, legumbres y vegetales de hoja verde lo que impide la correcta producción de hemoglobina. Un chico anémico no oxigena bien sus tejidos, lo que se traduce en problemas de atención en la escuela, apatía y menor rendimiento físico.
Otras cuestiones a tener en cuenta y que se observa en la atención en el consultorio, es la falta de consumo de fibra alimentaria (presente en frutas, verduras y cereales integrales), combinada con el exceso de aditivos y conservantes que alteran la flora bacteriana. Esto no solo afecta la digestión, sino que debilita el sistema inmune, ya que gran parte de las defensas se originan en el intestino.
Con respecto al consumo de calcio, cuando es insuficiente, al igual que el fósforo y la vitamina D durante los estirones de crecimiento, la densidad de la masa ósea no alcanza su nivel óptimo, predisponiendo al cuerpo a lesiones y desgaste prematuro.
A largo plazo, un organismo expuesto durante años a la inflamación de bajo grado que provocan los ultraprocesados, tiende a desarrollar resistencia a la insulina, hígado graso no alcohólico e hipertensión arterial mucho antes de llegar a la edad adulta.
Revertir este panorama en Entre Ríos no requiere productos costosos ni dietas rebuscadas, sino volver a la comida real. Aprovechar la oferta de frutas de estación, incorporar legumbres, sumar verduras a las preparaciones diarias, ofrecer agua potable en lugar de jugos comerciales y recuperar la cocina casera son las herramientas nutricionales más efectivas para asegurar el desarrollo integral de los chicos.

