Las desgracias que golpean a Rosario
El horror suscitado por eventos infaustos parece perseguir a la sureña ciudad santafecina. Cuando aún no se ha repuesto de la peor tragedia de su historia, originada por una explosión, se suma ahora la muerte de dos chiquitas en un parque de diversiones.En menos de una semana Rosario ha sido golpeada por accidentes fatales, que no sólo enlutan a los vecinos de la ciudad sino a todo el país. El martes 6 de agosto, por la mañana, explotó un edificio por un escape de gas. El siniestro ya dejó quince muertos y sesenta y dos heridos, al tiempo que los rescatistas siguen buscando a seis personas desaparecidas. Se trató, según los expertos, de la mayor tragedia de la historia de esa ciudad. Pero el sábado último, mientras la conmoción por el evento, que mostró una imagen dantesca, parecida a la que ofrecen las ciudades bombardeadas en una guerra, otra noticia infausta se sumó al doloroso paisaje. Dos nenas murieron al desprenderse un carro de la Vuelta al Mundo, del Internacional Park, ubicado en el Parque Independencia, a pocas cuadras del sitio del edificio derrumbado por la explosión. Las chicas, de 11 y 14 años, eran hermanas y festejaban el Día del Niño. Cayeron al vacío desde casi 30 metros de altura luego de que la estructura de hierro se desprendiera del juego. Siete personas, entre las que se encontraban tres menores, sufrieron heridas. Un testigo ocular del hecho reveló: "Se escuchó un grito. Giro la cabeza y tengo la desgracia de ver al carrito, que es el número 10, de color naranja, que cae muy fuerte haciendo un sonido de explosión, sobre un puente de chapa". Familias enteras habían ido a disfrutar de una tarde de sábado a pleno sol en Rosario cuando se cruzó la tragedia. Ahora hay gente que llora la muerte de las dos chiquitas. Ante estos desastres excepcionales, como ante todo territorio de la frustración, empiezan a emerger las preguntas de rigor. ¿Quién tiene la culpa? ¿Hubo error humano, de suerte que alguien se equivocó a pesar de que se habían tomado todos los recaudos? ¿O hubo negligencia de los actores en juego -del gasista y de la empresa de gas, en el caso de la explosión, o de la empresa concesionaria de los juegos, en el caso de la Vuelta al Mundo-? ¿O lo que ocurrió hay que atribuirlo simplemente a la fatalidad, a circunstancias inevitables, a imprevistos indescifrables, de esos que aumentan la perplejidad de la vida humana? ¿Por qué? Es el interrogante que nos hacemos todos ante la presencia del dolor y el sufrimiento. Especialmente cuando la calamidad nos afecta directamente. Cuando algún hecho conmocionante derriba de golpe nuestra confianza en la marcha del mundo. Los antiguos estoicos, al reflexionar sobre las desgracias que pueden sobrevenir, se remitían a la diosa Fortuna (nombre que le daban los antiguos al "azar" o destino). Esa diosa sostenía en una mano una cornucopia (que simbolizaba su capacidad de conceder favores) y en la otra la palanca de mando de un timón (símbolo de la facultad más siniestra de cambiar los destinos). La cuestión es que Fortuna era caprichosa: lo mismo podía dar amor, progreso y salud, que dar un golpe con un efecto aterrador. Los creyentes, sin embargo, postulan que detrás de los males que azotan a los hombres se esconde la voluntad de Dios, cuya lógica es inescrutable. Las desgracias, en este último aspecto, podrían tener algún sentido oculto incluso para las personas que las padecen, aunque a ellas les cueste descifrar los "planes divinos".
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

