Las energías puestas en ayudar a los otros
En la sociedad mercantilizada en que vivimos, donde parece triunfar el puro interés individual, hay mucha gente sin embargo que dona dinero y tiempo para asistir a otros. "En la naturaleza del hombre encontramos la competencia y desconfianza", sostenía Thomas Hobbes (1588-1679). El filósofo inglés fue uno de los que mejor expresó la escuela del pesimismo antropológico.La idea del "homo omini lupus" (el hombre es un lobo para el hombre), base de su teoría del Estado, pinta a la sociedad como un estado de guerra latente, en la que impera la ley de la selva.En muchos aspectos la realidad humana actual parece darle la razón a los que adhieren a la tesitura de que el hombre es un "mal bicho", un animal que utiliza su inteligencia para su propio provecho.Alguien, en suma, que ha desarrollado la facultad de dominar a sus congéneres, o para sobrevivir a toda costa en un contexto de rivalidad.Desde este lugar se entiende que del hombre sólo se espere egoísmo, intolerancia, soberbia, avaricia, y demás maldades. ¿Es que acaso las personas están genéticamente condenadas a no pensar más que en ellas mismas?Los hechos cotidianos muestran sin embargo que, al lado del instinto adquisitivo y de la voluntad de poder, también crecen la solidaridad, el amor, la sencillez, el respeto del otro, la honestidad, la tolerancia, la libertad, para citar algunos valores disonantes el pesimismo antropológico.Es posible encontrar conductas que se colocan, por caso, en las antípodas del egoísmo más craso. Brindar una atención desinteresada al prójimo, aun cuando dicha diligencia atente contra el bien propio, es algo que puede ser catalogado de "altruista".El altruismo (del francés antiguo "altrui": de los otros) es una noción que adquiere sentido diverso según la filosofía, el sistema moral o la religión en la que se enmarque. Cabría incluir aquí, por ejemplo, aquel "amarás a tu prójimo como a ti mismo", formulado por Cristo.Hay quienes creen, contra la visión pesimista, que en el hombre existiría una tendencia natural a la solidaridad, algo que se reflejaría en la protección hacia los miembros de la familia.Otros piensan que el altruismo es una condición que surge de la educación. Consideran que el peso de la cultura y las tradiciones históricas es clave en la conducta de buscar el beneficio de otros, y mucha gente encuentra el sentido de su vida en algo que le es ajeno.Al respecto el economista y filósofo francés Guy Sorman, en su reciente obra "El corazón americano", pone en discusión el estereotipo según el cual la sociedad estadounidense es duramente materialista.Allí sostiene que, por razones religiosas e históricas, la filantropía tiene una fuerza arrolladora, es un universo sin fines de lucro que representa el 10 % de la economía y el 10% del empleo.La afición filantrópica de la sociedad estadounidense, que involucra a ricos y no ricos, se remonta al pensamiento de Benjamín Franklin (1706-1790), considerado uno de los padres fundadores, y que "ya es parte del ser norteamericano", sostiene Sorman.La filantropía en ese país "es una fuente de creatividad social, más eficiente que el gobierno y el mercado", en una sociedad que ha sido educada para no esperar que el Estado le resuelva todo los problemas, sostiene.Se puede ayudar a otros donando dinero, algo que suelen hacer los más pudientes. Sin embargo, están aquellos que donan algo muy valioso, su tiempo, ya sea para educar, acompañar, socorrer o ayudar a los más débiles.
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