Las enfermedades de la crisis ecológica
Tras dos siglos de industrialismo feroz, el optimismo del progreso material cede paso a la convicción angustiosa de que nuestras condiciones de vida moderna en un punto son incompatibles con el hábitat.
Nuestras victorias sobre la naturaleza –a caballo de fulgurantes mutaciones producidas por la ciencia y la técnica- han cebado un estilo de vida humana absolutamente inédito en la historia.
Sin embargo, el hombre contemporáneo ya no está seguro de sus progresos ante la eclosión del ecosistema. Ahora es consciente de que sus hazañas materiales provocaron rupturas de ritmo y de equilibrio desconocidos.
Y que esas rupturas, al sumarse, corren el peligro de desembocar en un plazo más o menos corto en la desnaturalización de la especie humana. A fin de cuentas –cree actualmente el hombre- pude haber capacidades mal-adaptantes.
Los datos sobre los efectos del trastorno ecológico en la vida humana van en ese sentido. Hoy es un hecho que el cambio climático es una cuestión sanitaria que afecta a miles de millones de personas. Nuevas pestes y enfermedades amenazan la condición humana en el globo.
De hecho los efectos ya se están sintiendo, afectando la vida de la actual generación y la de nuestros hijos. Dengue, malaria, cólera, fiebre amarilla y hantavirus, son males que se están esparciendo con virulencia en varias partes del mundo.
Argentina, como no podía ser de otro modo, no escapa al desbarajuste sanitario. El desastre de Tartagal, ocurrido hace poco, se ha ensañado con poblaciones indefensas e indigentes.
Los científicos coinciden en señalar que las abruptas inundaciones en el norte argentino están conectadas con la deforestación abusiva. ¿Y qué decir de la terrible sequía que en la pampa y en la zona del litoral, por caso, ha arruinado cosechas y matado animales?.
Para Pablo Canziani, investigador del Conicet y director del Programa de Estudios de Procesos Atmosféricos en el Cambio Global de la UCA, hay una conexión causal entre calentamiento global y expansión de algunas enfermedades.
En su opinión, Argentina es uno de los países que peor actúa con respecto a la deforestación. “Es la segunda causa de emisión de gases que contribuyen a la formación del agujero de ozono. La fiebre amarilla es una de sus consecuencias. El dengue y la malaria tienen que ver con el mosquito, los roedores traen el hantavirus, el agua el cólera”, explicó.
Como se sabe las altas temperaturas y el aumento de las lluvias favorecen la reproducción de mosquitos, que son los vectores que transmiten enfermedades infecciosas.
“El bosque regula el sistema de agua, provocando más sequía y más inundaciones, que derivan en gastroenteritis y problemas de nutrición”, asegura Canziani. Y añade: “Ya hay más casos de alergia en zonas urbanas por el cambio de floración de plantas, combinado con mayores temperaturas y la contaminación del aire, que afecta las vías respiratorias”.
En tanto, algunos científicos aseguran que antes del 2090 subirá tres grados la temperatura de la Tierra. En algunas zonas del globo el aumento será de cinco grados. Este cuadro medioambiental hará que el calor se convierta en el asesino silencioso de mucha gente.
Al respecto, se subraya el riesgo del abastecimiento de agua limpia y alimentos, con la consecuente desnutrición y enfermedades diarréicas. Situación que básicamente afectará a los más pobres.
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