Las expectativas que al cabo se cumplen
Algunas creencias tienen el poder de cambiar las cosas humanas. Tanto esperar y creer en algo hace que casi mágicamente se produzca en la realidad, confirmando la sospecha de que todo es mental.El ejemplo de cómo un juicio o valoración (no importa su falsedad o veracidad) puede acabar siendo corroborado en la experiencia lo ofrece la quiebra bancaria.Ante la sola sospecha de que equis entidad financiera es insolvente (algo que puede ser echado a rodar maliciosamente), los clientes entran en pánico y proceden a retirar masivamente los depósitos, haciendo que al banco no le quede más remedio que declararse en bancarrota.Fue el sociólogo norteamericano Robert Merton quien conceptualizó por primera vez este fenómeno psicosocial, al que llamó profecía autocumplida o autorrealizada.La expresión designa una predicción que, una vez enunciada, es en sí misma la causa de que se haga realidad, y esto porque desencadena una serie de circunstancias favorables para que se cumpla.La inflación, como fenómeno multicausal, tiene también un alto componente psicológico, toda vez que se retroalimenta en un movimiento similar a la profecía autocumplida.De esta manera, si la expectativa sobre la tasa futura de inflación es alta, los agentes económicos tratarán de anticiparse a la suba de precios aumentando los suyos.La inflación mental, así, influirá sobre la real. Remarcar los precios "por las dudas", con intenciones defensivas, es lo que los economistas llaman "inflación por expectativas".El tema tiene que ver con nuestra visión del mundo y de las cosas humanas. De múltiples ámbitos de la realidad jamás tendremos una experiencia directa. Por esta razón nos valemos de los prejuicios (juicios previos).Es decir echamos mano a creencias o valoraciones heredadas de nuestra cultura, nuestro medio social o nuestra educación. Ahora bien, estos prejuicios pueden falsear la realidad, de manera que podemos tener una representación no veraz de nosotros mismos y de los demás.Puede ocurrir que creamos pertenecer, así, a un grupo de gente que es más inteligente y superior que otros grupos humanos. La clasificación prejuiciosa de las personas por el sexo, el color de la piel o la extracción social, ha sido siempre motivo de conflictos sociales.Los prejuicios peyorativos afectan terriblemente a sus víctimas, ya que a la larga éstas, tras internalizar el juicio ajeno sobre ellas, actúan de acuerdo esa creencia, según reza la teoría de la profecía autocumplida.Esto quiere decir que las personas adquieren un rol a partir de los demás, y acaban creyéndolo propio. Se puede decir, entonces, que somos lo que los demás esperan que seamos.Esto mismo se estudió en el entorno escolar. El psicólogo Robert Rosenthal realizó, en los '70, una experiencia que demostró cómo las expectativas de un profesor puede incidir en el rendimiento de un alumno.Eso desencadena el "Efecto Pigmalión", en referencia a la famosa obra del dramaturgo Sir Bernard Shaw, quien cuenta la historia de un caballero que se enamora de su propia obra, una torpe joven, a quien transforma/había transformado en una educada doncella.Según Rosenthal, los maestros tratan a sus alumnos de acuerdo a sus creencias. Si los consideran inteligentes, y así se los hacen saber a sus discípulos, tendrán estos entonces un desempeño brillante. A la inversa, si creen que no aprenderán, porque no son capaces, serán malos alumnos.De esta manera, el alumno actúa en función de lo que el docente espera de él, cumpliendo así la creencia de antemano establecida.
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