Las fichas puestas en financiar el consumo
El negocio de las tarjetas de crédito es el más redituable para los bancos, en un contexto de furia del consumo. Sin embargo, es escaso el financiamiento de largo plaza para la inversión.Informes de la UIA, revelan que el 90% de las inversiones empresarias (sin importar el tamaño de la empresa) se financia con ganancias retenidas.La anémica demanda también se refleja en el balance del sistema bancario: por cada $1.000 de capacidad prestable, apenas $17 se destinan al crédito empresario.El resto se vuelca al crédito para el consumo, el mantenimiento de altos colchones de liquidez y la compra de títulos públicos. Se diría que la banca argentina obtiene plusvalía de dos grandes negocios: como prestamista del Estado (títulos) y a través de los créditos vinculados al consumo.El negocio de las tarjetas de crédito es notable. Ascendía al 18 de febrero pasado, último dato disponible del Banco Central, a 27.917 millones de pesos. Es un negocio para bancos y emisores de dinero plástico.Y esto porque el que paga con tarjeta un determinado bien, termina pagando el doble, a partir de la sobrecarga financiera de la operación, que aparece solapada.Las 50 cuotas mensuales con las que se puede pagar un electrodoméstico, por ejemplo, mediante una tarjeta de crédito, se publicitan como cuotas "sin interés".Pero en realidad, y en oposición a esa publicidad, esta operación esconde numerosos gastos ocultos que impactan desfavorablemente en el costo efectivo para el consumidor.De última, el verdadero costo financiero que el usuario debe soportar, en algunos casos, alcanza valores de hasta el 3,5% mensual, lo que lleva a la tasa anual a niveles superiores al 50%.Por lo general el consumo con tarjeta se concentra sobre todo en compras de supermercado, combustible y luego en indumentaria y electrodomésticos, entre otros rubros.Este consumo se desaceleró en febrero por un efecto estacional (terminan las vacaciones), y por el retraso de los salarios ante la inflación.El fenómeno del consumo financiado es una de las grandes fuentes de renta de las entidades financieras en la Argentina, un país donde prácticamente es inexistente el crédito a largo plazo (hipotecario, por caso) y para la actividad productiva.El dato es que las personas y las familias, a las que les cuesta ahorrar, para adquirir bienes de consumo muchas veces deben endeudarse a tasas de interés estrafalarias, pagando un costo financiero altísimo.En el nuevo libro del BID, "La era de la Productividad 2010", figura que la Argentina tiene problema con la escasez de crédito. El préstamo al sector privado sólo llega al 11% del PBI en 2009, en tanto que en Asia (en promedio) llega al 77%, en los países desarrollados al 75%, en América Latina al 31% y en África al 18%.Se entiende por qué entonces, el grueso de las inversiones empresarias se financian con ganancias retenidas. ¿Por qué los bancos prefieren financiar el consumo y no el largo plazo y la inversión?El sistema bancario se ataja diciendo que la inflación es alta, y eso le pone un piso alto a los préstamos. Los bancos no quieren correr riesgos de que el aumento de precios, les licue al capital prestado.Argumentan además que cuentan con muy pocos recursos monetarios (cuentas corrientes, cajas de ahorro y plazos fijos a 30 días o a muy corto plazo). Con este ahorro, sólo se puede prestar dinero para el consumo.Por otro lado, el sistema alega que tiene depósitos a 30 días y si los prestara a cinco años a una empresa, y en el medio viniera una crisis muy fuerte, no habría dinero para devolverlos.
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