Las fiestas mayas en épocas pasadas
Aunque en estas latitudes los sucesos de Mayo de 1810 tuvieron un impacto tardío, Gualeguaychú conmemoró luego el episodio con gran fervor cívico. Los entrerrianos en general, según cuentan los historiadores, ignoraron durante un tiempo lo que estaba ocurriendo en la capital del virreinato. Faltos de comunicación, no podían saber sobre la caída del virrey Cisneros y la conformación del gobierno patrio.El primer cabildo entrerriano que votó el reconocimiento de la Junta fue el de Concepción del Uruguay, el 8 de junio de 1810, y el 22 del mismo mes lo hizo el de Gualeguaychú.Desde entonces, empezó a tomar estado público la noticia de la revolución, a la cual muchos criollos de esta zona se sumaron luego con entusiasmo, contribuyendo decisivamente a su triunfo.Posteriormente, el acontecimiento que marco el inicio del proceso de emancipación nacional se incorporo con fuerza en la conciencia cívica de la comunidad local.La evocación de las fiestas mayas fue de esos eventos que hacían salir al vecindario de sus casas y dejar los quehaceres domésticos, para reunirse en espacios públicos (iglesia o plaza).Las fiestas patrias sobresalían en un marco pueblerino y en un contexto sociocultural donde no había otros estímulos que absorbieran el interés de las personas.Durante la época de la Confederación Argentina, a mediados del siglo XIX, las autoridades civiles, militares y eclesiásticas organizaban con pompa en Gualeguaychú este tipo de convocatorias, orientadas primariamente a exaltar los valores patrióticos."Las fiestas comenzaban al alba, con el saludo de cañonazos lanzados de alguna goleta empavesada anclada en el puerto", cuenta la historiadora local Leticia Mascheroni.En la oportunidad se hacía presente la Guardia Cívica en la plaza central, la cual "lucía vistosos arcos adornados con flores artificiales, los edificios y las casas aparecían embanderados e iluminados desde la noche anterior, con colgaduras en blanco y punzó".A las diez de la mañana, se llevaba a cabo el Tedeum en la iglesia con cánticos que acompañaba la Banda Militar. Luego las autoridades con su comitiva se trasladaban a la Comandancia a degustar un refresco."En muchas oportunidades fue aprovechada esta ocasión para entregar premios a los mejores alumnos que concurrían a la escuela pública", cuenta Mascheroni, quien relata que estos actos eran seguidos por un público entusiasta."Luego de la siesta obligada, se reunían nuevamente en la plaza para participar o presenciar los numerosos juegos preparados para la ocasión, en especial el de la sortija y el del palo enjabonado", relata.En víspera del 25 de mayo de 1946, se ofreció una función especial en el recinto del nuevo Teatro. Y para la noche del día siguiente se convocó al baile de gala en el patio del mismo.A los sesenta y siete años de edad, desde su residencia de Buenos Aires, Rita Latallada de Victoria, la gualeguaychuense impulsora de los jardines de infantes en Argentina, memoraba así con cariño la celebración del 25 de Mayo en su patria chica: "Cuando las escuelas de primeras letras se congregaban al amanecer, en la plaza Independencia, bajo la dirección de Misia Teresa Villanueva de Jurado y de Don Olegario Errazquín.Allí confundidos padres y alumnos, rendían a la patria el homenaje más sencillo y más sincero: aclamarla con las viriles estrofas de su Himno, que es la voz de sus glorias, en aquellas mañanitas heladas, robadas al sueño y el calorcito del hogar, sólo para evocarla con unción religiosa".
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