Opinion |

Las medidas de Macri: entre la efectividad y la angustia que sea tarde

Me hace acordar a la bala de plata que tenía el Llanero Solitario, aquella serie que veíamos cuando éramos chicos. Macri se jugó el miércoles la última carta para tener alguna chance de ser reelecto en octubre. No hay tiempo para más. Los días se clavan como agujas y si no había una reacción, el experimento de Cambiemos parecía condenado.   Jorge Barroetaveña   Los políticos serían más felices con un mundo sin periodistas que sin pobres. Los periodistas son una presencia molesta, intermediarios ‘interesados’ para muchos entre ellos y la ‘gente’. Cambiemos revolucionó el marketing político argentino cuando montó un aparato monstruoso con tentáculos en las redes sociales. El famoso ‘big data’ que maneja desde hace unos años Marcos Peña y su equipo le dio a Macri una ventaja notable sobre sus oponentes. El manejo de la información, a quién llegar, cómo y el conocimiento de lo que quiere un votante, son vitales para cualquier campaña. En muchos lugares del país, los candidatos del oficialismo tienen una radiografía muy precisa de sus pueblos y ciudades. Saben dónde tienen que hacer campaña, dónde están más flojos o en los lugares en los que no lo necesitan. Claro que este nivel de conocimiento deviene en inútil entre elección y elección. El detalle es que en el medio hay que gobernar, tomar medidas….y adivinó, acertar. Si le pifiás, de poco sirve todo lo demás. Cuando en el 2015 una porción mayoritaria de la sociedad eligió a Macri Presidente lo hizo con varias motivaciones. El desgaste de 12 años de kirchnerismo, los escándalos de corrupción y la sensación que sabría administrar mejor el bolsillo de la gente. Al cabo, ‘el mejor equipo de los últimos 50 años’ nació de aquella expectativa. Asumió en diciembre del 2015 y si contó la verdad nunca lo sabremos. Ya es tarde para debatir eso. Un viejo axioma de la política dice que, lo que un gobierno no hace los dos primeros años, difícilmente lo pueda hacer después. ¡Qué sabia era nuestra constitución del ’53 que estableció los períodos presidenciales en 6 años! En el 2017, y pese a que las reformas prometidas no se concretaron, Cambiemos pudo renovar esa esperanza y la sociedad volvió a apostar por eso. Pero a fin de año todo estalló y el capital político acumulado se empezó a colar por los agujeros de los bolsillos. A esta altura no vale la pena contar el 2018, con su 47% de inflación y una devaluación que superó todos los cálculos. El sacudón sólo estuvo contenido por la inmensa red social que Macri acrecentó en su estancia en el poder. Sin esa contención otra hubiera sido la historia. Subestimación, incapacidad, ignorancia de la realidad, sólo la historia dirá que fue lo que pasó. Macri corre una carrera contra el reloj del tiempo que marca su salida del poder. Tiene antes la posibilidad de revalidarlo, aunque la sensación creciente es que eso es algo que ya no está en sus manos. El del miércoles va camino a ser el último intento por enderezar el barco, al menos hasta las elecciones. Rara y extraña la voltereta del gobierno que apela a una receta ‘kirchnerista’ para parar la ola que marcó el 4,7% de inflación de marzo. Control de precios, aplanamiento de tarifas, planes de pago. Le falta una pizca de Moreno y listo el pollo. Encima, el acuerdo con empresarios no es tal. Es un ‘pacto de caballeros’. Es cierto también que peor hubiera sido no hacer nada. Los radicales y el resto de los aliados del PRO en Cambiemos, junto con Vidal y Rodríguez Larreta llevaron la voz cantante con los reclamos. Los que son gobierno ven que el tembladeral no perdona a nadie, ni siquiera a los que tienen buena imagen en sus distritos, y los que son oposición están condenados a seguir siéndolo. Pocas expectativas tienen de ganar. La mala performance económica de la Nación se extiende como una mancha hacia el interior del país. Otra vez quedó demostrado en Entre Ríos con la elección que hizo Bordet, sacando el 58% de los votos. Ni Busti ni Urribarri en sus mejores tiempos fueron capaces de llegar tan lejos. Y eso que a Bordet, en la interna peronista lo acusan de ‘macrista’. Pero el peor ‘mensaje’ de lo que pasó en Entre Ríos no es el porcentaje del PJ sino la capacidad que tuvo de unirse para enfrentar a Cambiemos. Bordet habló con Cristina, le dio espacio en las listas a Unidad Ciudadana y manejó con mano de hierro las listas. El resultado en las PASO no pudo ser mejor. Es que el peronismo huele que puede ganar las presidenciales. Algo que parecía poco probable después de las legislativas del 2017, se ha vuelto palpable. Atado a su estrategia el gobierno sigue revoleando el ‘fantasma’ de Cristina. Pero su propia incapacidad para manejar la economía esmerilan la estrategia. Con eso sólo no alcanza. Parece que se dieron cuenta. El miércoles el Presidente mandó el mensaje de toma de conciencia de la nueva realidad. Para su frente interno pero sobre todo para la gente. El riesgo, no sólo se mide por la efectividad de las medidas, sino porque hayan llegado demasiado tarde.        

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