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Las PASO, el preanuncio de una película que podría tener un final abrupto

De a poco se van viendo las cartas de cada uno. O lo que tienen para pelear para quedarse con el premio mayor. En esto, Alberto parece correr en desventaja. Enfrente tiene una maquinaria electoral preparada y aceitada para ganar. Gestionar es otra cosa, pero de ganar elecciones saben bastante estos muchachos.

Jorge Barroetaveña

Atribuir la carrera política de Macri sólo al azar o a la buenaventuranza es subestimar los acontecimientos. El nivel y el volumen de información que tiene Cambiemos, o el PRO, desde mucho antes de llegar al poder, asombraría a más de uno. Esa información es tan precisa que les permite conocer, hasta en una ciudad como Gualeguay, cuáles son las demandas en un radio de unas pocas manzanas. Saben, casi como cirujanos, adónde tienen que ‘operar’ para sacar el mayor provecho posible del proceso electoral. Eso no asegura la victoria, menos mal, porque los procesos electorales y las motivaciones de la gente a la hora de decidir son bastante más numerosas y complejas. Aunque son un buen punto de partida.

Pero esa máquina aceitada parece haber fijado un norte, que quedó bien expuesto el miércoles en Parque Norte, donde dieron el puntapié inicial a la campaña. Dejando el perfil casi inocuo de las últimas campañas, las principales espadas de Cambiemos hicieron filas para hablar mal del kirchnerismo. Quizás lo más llamativo fue lo de Rodríguez Larreta que no tuvo empachos en calificar y descalificar a sus adversarios, algo extraño para su estilo y para lo que le dicen las encuestas que está muy cerca de ganar en primera vuelta en la Ciudad de Buenos Aires.

Pero la elección en provincia y la nacional distan de ser cosa juzgada. Nadie imagina una derrota de Vidal y una posterior victoria de Macri. Si Vidal pierde Macri quedará herido de muerte y le será casi imposible retener la Nación. Por eso, los últimos números que se publicaron, sirvieron para alterar los ánimos en unos y otros. Subió el gobierno y bajó la oposición. O al menos se mantuvo.

Es que si el proceso de polarización sigue, las PASO adquirirán una extraordinaria importancia. La fotografía que quedará ese domingo a la noche puede ser clave para la primera vuelta. En el gobierno todos saben que una diferencia menos a cinco puntos en las PASO y después en la general los dejará a tiro de reelección. Entre 5 y 10 puntos el panorama se pondrá más complicado y más de 10 puntos de ventaja para el tándem Alberto-Cristina esparcirá olor certero a derrota anticipada. Eso sin contar con la reacción de la economía el día después de cualquiera de estos escenarios, sobre los desfavorables para el oficialismo.

La espiral de la polarización ha llevado a pensar a los estrategas que todo podría quedar resuelto en la primera vuelta, sin necesidad del bis. ¿Por qué? Si el proceso se acentúa en las próximas semanas y se consolida en la votación de las PASO, los dos podrían quedar muy cerca del 45%, el número mágico para alcanzar y evitar el balotaje. Ahí no importará la diferencia, sólo pasar esa barrera.

Si los números que van apareciendo se confirman, hay un dato insoslayable: Massa y su caudal electoral no se trasladó íntegro ni mucho menos al kirchnerismo. No sólo en el interior sino también, y lo que es peor, en la estratégica Buenos Aires. Los 20 puntos que los exponentes de Alternativa Federal llegaron a tener hasta hace 3 meses, se han diluido y sólo queda Lavagna para sostenerlos. ¿Adónde fueron a parar? Si el crecimiento de Macri en las encuestas se verifica, buena parte de ellos fueron a esas arcas. Y si el proceso de polarización continúa, los votos de Espert, los que retenga Lavagna y todo lo que quede en el medio estarán en peligro.

Alberto trata de captar votos en esas mismas vertientes. Para eso moderó su discurso, reza para que Cristina hable lo menos posible y para que ningún satélite se mande una guarrada como la de Dady Brieva. Pero se lo nota incómodo. Todavía no le pudo tomar el tiempo a la campaña y parece estar siempre a la defensiva, dando explicaciones de su pasado kirchnerista y de las cosas que dijo o no dijo de Cristina. Encima tuvo que soportar una citación de Bonadío (son como el vaso de agua, no se le niegan a nadie) y a la salida se peleó con una periodista. El único sabor dulce del último tramo de la campaña fue el viaje a Córdoba. Al menos se trajo la foto con Schiaretti y la sensación que tiene camino por recorrer en la provincia mediterránea. Siente que ahí le puede sacar unos cuantos votos a Macri, quizás a la postre vitales para definir la presidencia.

En Buenos Aires Kicillof y Vidal se miran de reojo y ya se lanzaron los primeros dardos. El ex ministro de economía es un candidato rendidor, que ha podido contener todos los votos de Cristina. Vidal lucha contra la diferencia negativa de Macri que la tira para abajo. Necesitará más de 6 puntos de corte de boleta para revertir esa tendencia. Hoy, al menos, esa es la fotografía.

Está todo por verse, aunque entre tantas incertezas hay algo cierto: las PASO serán algo más que una fotografía. Serán el comienzo de una película que podría tener final abrupto en octubre. Va a estar para ponerse los anteojos 3D y, desde la platea, contemplar el espectáculo.

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