Las pastillas para sortear los problemas
Los psicofármacos se han convertido, en gran medida, en la panacea química para hacer frente a las inevitables vicisitudes de la vida. Se revelan como un atajo, así, ante la experiencia humana de la frustración.La noticia es que en Argentina, país que tiene la mayor cantidad de psicólogo por habitantes del mundo, creció más del 5 por ciento el consumo de ansiolíticos y calmantes.El aumento de la automedicación y la naturalización del uso de estas sustancias generan lógica preocupación en el mundo de la salud. ¿Es que vivir en la Argentina conduce inexorablemente al empastillamiento de su población?Los ansiolíticos son los productos preferidos por un sector importante de la sociedad nativa. Esas drogas pretenden reducir la ansiedad, ese estado de agitación ante ciertas situaciones embarazosas, como las que disparan las crisis económicas.Es típico que quienes padecen de ansiedad teman que las cosas desemboquen en lo peor, permanecen presos en secretas anticipaciones de la ruina. Al final se encuentran incapacitados para disfrutar de otras cosas de la vida.Pero el antídoto químico para sortear tensiones emocionales (como la ansiedad), sobre todo mediante el mecanismo de la automedicación, no es recomendado por los profesionales, quienes básicamente cuestionan que se utilicen drogas para superar situaciones de la vida."Los fármacos no son un medio para sobrellevar las tensiones de la vida: las postergan, las agravan y dejan a los pacientes en muy mal estado para resolverlas", explicó a La Nación Pablo Abadi, médico psicoanalista y profesor de la Asociación Psicoanalítica Argentina (APA)."Parte del problema -explicó- es que los laboratorios inventan síntomas y trastornos de a centenas y después ofrecen la solución. Es sólo un tiempo, dicen, y una dosis mínima. Así, logran introducir la idea en la población de que sentir dolor y estar triste o ansioso es parte de un trastorno".De esta manera, dice Abadi, "se medican penas, esperas, amores, separaciones, muertes, se medican duelos, niños inquietos, etcétera. Y nos invitan a olvidar el alma y las emociones".Idéntica postura asume el médico psiquiatra Ernesto Ratge, para quien el uso de ciertas drogas produce un efecto de evasión de la realidad. "Los psicofármacos aparecen como una solución mágica", sostuvo en diálogo con diario La Capital de Rosario."Por eso es necesario aprender a enfrentar los problemas de la vida, y saber que las soluciones implican un esfuerzo personal", declaró el especialista, para quien vivimos en una cultura con baja tolerancia a los inevitables obstáculos, y que promete resolverlos con el menor costo personal posible.Ratge recordó que la vida nunca ha sido fácil: "Borges tenía una frase que me encanta que decía 'me tocó como a todos los hombres tiempos difíciles en los que vivir', es decir, los tiempos son difíciles siempre".Al parecer, el efecto colateral más importante de estas drogas es que generan la ilusión en mucha gente de que los psicofármacos existen para eludir problemas y contrariedades que son inherentes a la vida misma.Los antiguos filósofos creían, por ejemplo, que el modo en que nosotros interpretamos lo que nos sucede, es lo que hace la diferencia. Liberarnos de planteos erróneos puede ayudarnos, decían, a dar respuesta a sensaciones de congoja y deseo.Para lidiar con las frustraciones, por ejemplo, sugerían tomar conciencia de que la realidad no ha sido diseñada según nuestro antojo. No comprender esto es causa de arrebatos de furia, amargura y ansiedad.
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