Las peripecias del modelo argentino
Aunque Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna fueron los padres del experimento centrado en el dólar alto, los Kirchner tuvieron la habilidad de apropiárselo. La actual presidenta lo bautizó “modelo de acumulación”.
Balance comercial favorable, proceso de des-endeudamiento, mayores reservas en el Banco Central y superávit fiscal eran los elementos macroeconómicos salientes que describían ese modelo.
Mirado globalmente, todos los países de la región siguieron la misma receta macroeconómica. Los nuevos tiempos latinoamericanos tuvieron signados, todos estos años, por la acumulación.
El proceso tuvo un éxito evidente porque coincidió con el llamado “viento de cola” de la economía mundial. ¿Cuál fue la novedad del fenómeno? Por primera vez en décadas los “términos del intercambio” fueron favorables a los países productores de materias primas.
Los llamados commodities empezaron a valer en el comercio mundial tanto o más que los productos industriales. De esta manera, cayó la teoría de la CEPAL, hegemónica hasta acá, según la cual los productos primarios siempre recibirían precios ruinosos.
Como se sabe, la soja fue la estrella de la recuperación argentina. Más allá de que los alimentos en general (otros granos, carne, leche y demás) mejoraron su cotización en el mercado internacional.
De hecho, por eso Latinoamérica viene sufriendo menos la debacle global. “América del Sur ha sido menos afectada que Japón y los países europeos. Y aquí debemos tener en claro algo esencial: esta vez, nosotros no tuvimos la culpa, a diferencia de otras crisis que empezaban en las economías emergentes”.
El diagnóstico corresponde al economista y diplomático brasileño Rubén Ricupero, para quien la tendencia a favor de los países productores de alimentos, como la Argentina y Brasil, llegó para quedarse.
“Tenemos que ver la tendencia en el largo plazo. Nosotros somos una de las poquísimas oportunidades en materia de alimentos. En las próximas décadas, ¿quién va a tener alimentos para abastecer a una humanidad que pasará de los 6.800 millones actuales a 9.000 o 10.000 millones para 2050?”, explicó.
Al margen de esta tendencia global, el modelo de acumulación argentino ya no es el de antes. Hay un dato revelador que muestra una franca involución: desde abril de 2007 se fugaron del sistema económico 40.000 millones de dólares.
Es una cifra impresionante (equivale a las reservas que dice tener el Banco Central). Ese caudal de dinero es menos inversión y menos creación de empleo. Es ahorro puro que en lugar de financiar el desarrollo del país, se “acumula” en otras latitudes.
Para Roberto Lavagna, padre del modelo, esta fuga es producida por la “desconfianza” que despierta la gestión K, sobre todo tras intervenir el Indec y lanzar una guerra sin cuartel contra el campo, el sector más competitivo a nivel internacional
El modelo argentino ha entrado, así, en una especie de estrangulamiento por escasez de divisas. El secretario de Comercio, Guillermo Moreno, busca controlar el balance comercial, presionando para que nadie importe si no exporta por igual valor.
Por otro lado, en parte para equilibrar la fuga de dólares, al país le acaban de conceder el mayor préstamo en mucho tiempo: más de 4.000 millones de dólares. Se lo otorga el Banco Mundial, el primo hermano del FMI.
El mentado modelo de acumulación cerraría si el ahorro que produce se reinvirtiera en el país.
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