Las peripecias de un país carnívoro
El aumento de la carne vacuna se vive entre nosotros como un verdadero drama. Y no es para menos, ya que ese producto es la base de nuestra cultura dietaria.La Argentina está en las antípodas de la India, donde está prohibido sacrificar vacas, que tienen status sagrado. En todo caso, aquí lo sagrado es la ingesta de carne.Por eso lidera el ranking mundial de consumo de ese producto. Antes de la estampida del precio, en las últimas semanas, se ubicó entre los 70 y 73,8 kilos por habitante por año.El país nació ganadero -herencia de la colonia española- y sus habitantes son esencialmente carnívoros. Argentina, por otra parte, llegó a ser un gran exportador de carne a nivel mundial.La historia está asociada a la riqueza pecuaria, base de la economía nacional. Los dueños del ganado -que a su vez eran propietarios de la tierra- llegaron a tener fuerte injerencia en los negocios del Estado.De ahí la mentada "oligarquía vacuna", expresión elaborada por la literatura política en la primera mitad del siglo XX. Por otra parte, pueblos enteros giraron alrededor de la actividad ganadera y frigorífica, ejemplo de lo cual fue Gualeguaychú.La historia económica de la Argentina, además, siempre ha estado tensionada por la necesidad de abastecer el mercado interno por un lado y los requerimientos del mercado internacional por otro.La carne roja es considerada un "bien salario", en virtud del altísimo impacto que tiene en la mesa de los argentinos. Los gobiernos, por tanto, han pretendido siempre abaratarlo internamente.Aunque esto al costo de manipular los mercados, sobre todo los externos, en perjuicio de la rentabilidad de los productores. Las "crisis ganaderas" siempre han sido expresión de merma en los rodeos, tras faenas descomunales y ruinosas, orientadas a tener un artículo de primera necesidad a bajo precio.La actual escalada del precio de la carne, que ha llevado zozobra a los hogares, tendría la misma causa. Hay escasez de hacienda porque los productores, en los últimos cinco años, fueron liquidando su hacienda, sobre todo las hembras.Y esto en respuesta a una estrategia oficial que consistió en mantener deprimidos artificialmente los precios internos, mediante regulaciones y cierres de exportaciones.El encarecimiento del producto ha producido un desplome del consumo, sobre todo en los sectores de bajos ingresos. Así, si hasta acá el asado era "nacional y popular", ahora ha dejado de serlo.Como es lógico, esta situación genera mal humor social. Al parecer, el gobierno K está tomando nota del problema. Gradualmente, estaría percibiendo que lo que pasa en la carne es un reflejo de lo que está pasando en otros rubros (como leche, trigo y combustible, por caso).¿Qué cosa? Pues que el rebrote inflacionario, que la abrupta subida de precios de las últimas semanas, se debe a la restricción de la oferta de bienes por falta de inversiones en el sector privado.Hay cierto consenso entre los economistas respecto de que el mejor remedio contra la inflación es que haya más producción, más oferta. La sobreabundancia de bienes hace retroceder los precios.Si esto es así, los ganaderos argentinos deberán encontrar aliciente para producir. La fábrica de vacas deberá reactivarse para satisfacer la demanda. Esto se logra con valores remunerativos para la hacienda, que se mantengan en el tiempo.Ahora bien, la recomposición del valor para la producción, supondrá un inevitable encarecimiento del producto para el bolsillo de los consumidores. Al menos, si esta lógica prevalece, el asado ya no volverá a tener el precio accesible de antes.Peripecias de un país carnívoro.
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