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"Las políticas educativas tienen que basarse en evidencias y no en la teoría de algunos"

Una de las razones de peso de la crisis del sistema educativo argentino es que no mide sus resultados. Eso le dijo a ElDía el científico y docente Andrés Rieznik.

Marcelo Lorenzo

Buena parte de los alumnos de la Argentina tiene dificultades para resolver problemas matemáticos básicos y también para leer y comprender un texto escrito.

Aunque el fenómeno reconoce varias causas, hay una crucial que es imputable al propio sistema educativo y tiene que ver con su incapacidad para mirarse, para poner en cuestión si lo que está haciendo funciona o no.

Eso piensa Andres Rieznik, doctor en Física, investigador del CONICET, profesor universitario y divulgador científico, quien estuvo en Gualeguaychú invitado por el Instituto “Malvina Seguí de Clavarino”

Ante los estudiantes del colegio, Rieznik desarrolló el martes pasado su propuesta de combinar magia y matemática, para despertar la curiosidad hacia la ciencia de los números que, según él, es más rica y misteriosa que resolver cuentas en forma fría y mecánica.

El Día aprovechó la ocasión para hablar de educación con el invitado, que recorre el país buscando acercar a la población los conocimientos científicos.

- La matemática aparece como la materia que más intimida a los adolescentes que concurren a la secundaria de Gualeguaychú (41% de 800 alumnos del último año de la escuela media), según un reciente relevamiento. ¿Qué le sugiere este dato?

Rieznik:- Esto viene ya de la primaria. Si se miran los resultados de las pruebas internacionales, Argentina ha empeorado mucho. Está en las peores posiciones de su historia. Yo creo que hay varias razones. En principio no es separable el contexto educativo del social. En este sentido, es imposible que si un chico tiene hambre pueda aprender bien. Pero lo que creo es que en la Argentina falta una visión sobre la necesidad de basar las políticas educativas en evidencias disponibles. Doy un ejemplo. Hace unos años miles de chicos en distintos colegios de diversas provincias aprendieron algo tan elemental como sumar, no en vertical como hacemos nosotros, sino en horizontal. Cuando uno pregunta por qué es esto, se escuchan teorías plausibles respecto de que así se ayuda a los chicos a organizar su pensamiento. Ahora bien, cuando se pregunta quién midió si este proceso funcionó en la realidad o quién del Ministerio de Educación se encargó de monitorear los resultados de este cambio tan drástico, esa información no existe. Es decir se produjo un cambio en política educativa en algo tan importante como la matemática, pero sin que nadie se haya tomado el trabajo de averiguar si eso funcionó a no. Esto es sistemático: en Argentina las políticas públicas educativas no se basan en la mejor evidencia disponible sino en teorías de algunas personas. En el caso de la lecto-escritura igual: se sigue enseñando a través de un método que sabemos que no sirve, como es el de las palabras contextualizantes, y que deja a los chicos semianalfabetos. Y esto en lugar de utilizar conciencia fonológica, como aprendían nuestros abuelos (...) Creo que ninguna política educativa va a funcionar si no se consulta a los docentes, quienes son los que saben qué sirve y qué no. Nada sale bien si viene de una decisión inconsulta desde arriba. Y esta es mi crítica a la decisión que tomó el Ministerio de Educación en relación a las matemáticas.

- Si tuviese que hacer un elogio de la matemática ¿qué le diría a los más jóvenes?

- Es el lenguaje de la ciencia. Para mí es como jugar todo el tiempo. Siempre fui afecto a los juegos de ingenio o de lógica. Y este es el mundo de la matemática. Por supuesto que el día a día del aprendizaje no es eso. Más bien es duro y difícil. Supone concentración. Pero esto es así en cualquier aprendizaje. La gran pregunta es cómo hacemos para motivarlos con los números, mientras otros están en la fiesta o jugando al fútbol. Por lo demás, quizá en el aula no se logra vincular la matemática con la vida real. Además, hay que decir que éste es un tema, como la educación en general, que no preocupa mayormente a los políticos, más allá de que de la boca para afuera todos digan que sí.

- ¿Cómo es el trabajo que realiza acercando la matemática a chicos y jóvenes? ¿Qué significa, por ejemplo, “Matemagia”?

- Dentro de mi tarea de divulgación científica, desde hace muchos años hago el espectáculo Matemagia, que mezcla un poco mis pasiones por el ilusionismo, la magia y las matemáticas. Lo que hago son juegos con números de una manera divertida. Yo trato de quitarle solemnidad a esto. Porque me parece que parte de lo que asusta a los chicos es eso. Uno puede demostrar ser una persona muy rigurosa y estudiosa, pero después matizar ese saber con el chiste y el humor. También se trata de trasmitir cómo las matemáticas nos abren otros horizontes para ver el mundo. Matemagia es un show de 40 minutos donde hago cálculos mentales, juegos con números y trato de sorprender a los chicos. Tengo un cuento de humor y amor matemático que dura tres minutos y medio, en el cual aparecen los números en medio de una historia de amor. Es decir, trato de explotar el lado más lúdico de la matemática para que los jóvenes puedan decir después que se divirtieron haciendo cuentas.

EL CELULAR, LA NUEVA CAJA BOBA

- ¿Qué opinión tiene de las nuevas tecnologías en relación con el aprendizaje?

- Creo que son herramientas. Aunque diría que son un arma de doble filo. Pueden ser muy buenas para aprender y así lo atestiguan muchas experiencias. Pero también los celulares son la “caja boba” en tu bolsillo. Creo que las tecnologías van a amplificar las diferencias entre aquellos que logran concentración y aquellos que no. Porque si vos no lográs concentración y foco, y te distraés fácilmente, YouTube o Instagram son tu ideal. La verdad es que somos seres muy visuales y esto nos atrae mucho. Al respecto en mis charlas muestro a un mono que es capaz de usar Instagram. No estoy diciendo que no haya que usar esta tecnología. Pero una cosa es estar un rato y tratar de saber qué hacen tus amigos, y otra es pasarte todo el tiempo allí. Es la caja boba. Así no estamos desarrollando nuestras capacidades humanas. Ya en Estados Unidos las redes sociales son un tema de salud pública. En los últimos tres años se cuadriplicó la tasa de automutilación y suicidio entre las chicas de 20 años. Y son ellas las que más están involucradas en las redes sociales. En un proceso de formación de personalidad, las redes sociales amplifican la vida de los otros, donde inconscientemente uno calcula todo el tiempo su lugar en la jerarquía social, su reputación, lo que piensan los demás de mí, o qué piensan los demás que pienso de ellos... Ése es un ambiento tóxico para un momento de la vida donde el adolescente desarrolla su cerebro social. Mi consejo para los padres es que hasta los 14 años los chicos no deben acceder a ningun formato de redes sociales.

- ¿Qué mirada tiene sobre la incidencia de los genes en el aprendizaje?

- Más allá de toda duda razonable, es cierto que hay un peso de la genética en cuanto a habilidades y desempeños personales. Y podría decir que así como Messi tiene una habilidad natural para la pelota, también hay gente que tiene más habilidad para la matemática. Lo que es verdad, también, es que todos los chicos pueden aprender a leer, a escribir, a hacer cálculos matemáticos, o aprender los contenidos básicos de la currícula escolar. El hecho de que haya personas con más predisposición o no a determinadas áreas de conocimientos, no nos excusa para que al terminar la primaria tantos chicos no hayan aprendido los contenidos escolares básicos.

LA GENÉTICA INFLUYE

- ¿Pero reconocer que hay chicos que llegan con cargas genéticas diferentes a la escuela, no cuestiona su actual funcionamiento?

- En principio debería obligar a la escuela a dar una enseñanza más personalizada. Pero nuestra escuela es una institución masiva, a la que le cuesta encontrarle una respuesta a los dos extremos: a los chicos con mucha facilidad y a los que tienen mucha dificultad. Es decir no se hace mucho con estos dos grupos. A veces se procura que los que tienen facilidades ayuden a los otros. El problema son los que están en desventaja. Por ejemplo aquellos chicos que tienen muchas dificultades en la lecto-escritura. Que pasan por la escuela y no logran leer y escribir de forma adecuada es una tragedia personal y una vergüenza nacional. Es decir, hay que enfocarse en esta población a través de una estrategia más específica y personalizada. Lo mismo pasa con matemática, donde hay que atender especialmente al que tiene dificultades, al tiempo que hay que dar una respuesta al que tiene condiciones naturales para los números, que muchas veces se aburre en la escuela. A estos últimos, en el pasado se los hacía pasar de grado, pero creo que eso no es lo correcto.

- ¿Tiene algún modelo educativo que considere digno de imitar?

- No, no podría contestar. Lo que puedo decir es que aquí el atraso es tal que si no aceptamos ni siquiera el hecho de que las cosas se tienen que medir, estamos en problemas. Lo mismo si no aceptamos que los genes influyen en el aprendizaje, aunque no lo determinan. Sé que a esto mucha gente no lo quiere aceptar y de hecho es un tema tabú en la educación. Y son comprensibles los temores porque en nombre de la genética se han hecho barbaridades en el siglo XX. Pero tenemos que superar esta actitud porque ahora se pueden hacer diagnósticos tempranos para detectar cuestiones genéticas que dificultarían determinados aprendizajes, para poder hacer intervenciones tempranas. Es como la miopía: aunque haya predisposición genética, se puede hacer una intervención temprana utilizando anteojos. Entonces podríamos hablar de “anteojos cognitivos” para los chicos que tengan dificultades (...) También se entienden los temores a medir en la escuela, por desafortunadas experiencias del pasado o por cuestiones ideológicas. Pero tenemos que superar el tabú en este frente: necesitamos hacer un diagnóstico certero de la situación para saber dónde estamos parados y qué se puede mejorar. Tenemos que ponernos de acuerdo en una política pública. Esto es como las vacunas. No es una cuestión de derechas o de izquierdas. Reitero, creo que las prácticas educativas tienen que basarse en evidencias disponibles.

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