Las provincias ajustan y la Nación mira para otro lado
Capitanich lleva un puñado de días como Jefe de Gabinete pero ya parece un siglo. El desgaste al que se ha visto sometido es tan tremendo que bien podría concluirse que Sergio Urribarri salió beneficiado al no ser el elegido de la Presidenta. Es que la política argentina consume voraz cualquier equivocación. Y eso se paga caro. Jorge Barroetaveña El ex gobernador de Chaco llegó con las cosas más o menos claras después de haber hablado con la Presidenta pero corre el riesgo de terminar como Sergio Massa. Le ha tocado bailar con la más fea y la tarea que le encomendaron se ha vuelto titánica. Repechar los problemas de la economía en los dos últimos años de gestión de un gobierno nunca fue sencillo, aunque se trate de un gobierno peronista.El ejercicio de hablar todos los días es saludable pero lo deja demasiado expuesto. Si Abal Medina casi no abrió la boca en el tiempo que estuvo, Capitanich habla en cadena las 24 horas. Y es imposible no equivocarse ante semejante nivel de exposición. Le pasó con el envío de la gendarmería a Córdoba y esta semana con los de los cortes de luz programados. Aquello le costó roces con el Secretario Berni y lo segundo con el eterno ministro Julio De Vido, aunque dicen que a la que más le molestó aquella mención fue a la Presidenta: nadie puede atreverse a comparar su gobierno con el desastre de Alfonsín. Y los cortes de luz son un sello de la debacle económica que rodeó ese gobierno radical. En el medio quedaron sus evasivas a utilizar la palabra 'inflación', un sacrilegio para el kirchnerismo o la pelea con un periodista de TN al que le reprochó que el Grupo Clarín no ordena su grilla de canales. Fue raro porque le preguntaron por la Ley de Trata de Personas. Entre banda y banda hace lo que puede, aunque una foto suya con De la Sota también provocó que le pasaran facturas. Al cabo, la pelea deviene de la debilidad que envuelve al gobierno después del estallido de las policías en las provincias. Agitar el argumento de la conspiración no alcanza para ocultar la crisis y la encrucijada en la que están muchas administraciones. La plata para pagarle a los policías no alcanza y menos para aceptar más aumentos al resto de los empleados estatales.De la Sota le propuso a Capitanich crear un fondo federal exclusivo para las fuerzas de seguridad pero la Nación no quiere saber. El monto total de los aumentos provinciales a las policías representan 25.000 millones de pesos por año. El incremento que la Nación le dará a la Federal, Gendarmería, Prefectura y PSA es mucho menor: 6.000 millones. El problema es entonces de las provincias que deberán arreglárselas para ver de dónde sacan la plata. Las alternativas no son muchas.En Buenos Aires Scioli se niega a aumentar los impuestos provinciales porque teme que se paralice la actividad económica y se genere más inflación. En Entre Ríos, con el apoyo de los gremios, la legislatura dio luz verde a otro 'retoque' impositivo de impacto desconocido en el mejor de los casos, aunque los sectores afectados advierten que irá a parar a los precios. Ergo, el aumento lo pagará toda la sociedad. Y desde Corrientes, el radical Ricardo Colombi se atrevió a pronunciar otra palabra prohibida en la política argentina: 'bonos'. Evaluó que, si en marzo no aparece la plata, no podrá asumir el pago de las obligaciones básicas de su provincia. "Voy a tener que pagar en bonos", disparó, mientras un sudor frío corría por la espalda de los correntinos que lo escuchaban, veían y leían.Lejos claro parece estar el debate de lo que la Nación hace con la plata de las provincias. Si la coparticipación está en apenas el 24% cuando debería superar el 35% algo no cierra. Pero ninguno de los gobernadores se atreve a plantearlo. Prefieren asfixiar sus economías antes que pelearse con la Nación.El fantasma de los cortes de luz, los saqueos y las cuasimonedas no son buenas referencias del pasado reciente de la Argentina. La luz falta porque las empresas no invirtieron y el estado no controló. Los saqueos aparecieron porque la policía liberó las provincias a mano de los delincuentes y no por pobreza. Y los bonos podrían volver por ineficiencia de los gobernadores para administrar sus provincias. En todos los casos hay un denominador común: el estado, por presencia o por ausencia ha sido decisivo.Entre tanto ruido, ninguno de los problemas por los que el kirchnerismo perdió las elecciones en los principales distritos del país ha desaparecido. Es más, tienden a agravarse. Los saqueos volvieron a demostrar que la raíz de la inseguridad es tan profunda como inexplicable para buena parte de la dirigencia política, incluída la justicia. La aceleración de la inflación en noviembre y diciembre alumbró la desconfianza que sigue habiendo en la política económica y demostró que hace falta algo más que sacar a Moreno de un plumazo.Para la inseguridad llegaron los aumentos para todos. Para la inflación los controles de precios, una vieja receta que tiene más fracasos que éxitos. El único que fijó un horizonte claro es Juan Carlos Fábregas, el Presidente del Banco Central. La devaluación ya no es de a cuenta gotas, avanza a ritmo firme. Se dio cuenta de algo: los precios de la economía no van con el dólar oficial, sino con el paralelo. La devaluación, la economía, la hizo de prepo. La cuestión es la cantidad de heridos que dejará el impacto.
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