Las pymes frente al dilema crediticio
El acceso al crédito viene cayendo desde el pico de 2006. Las micro, pequeñas y medianas empresas no encuentran el modo de financiarse, en un contexto de inestabilidad económica.
La situación del crédito pyme en el país fue objeto de análisis en un reciente encuentro en Buenos Aires. Allí se dijo que el acceso al crédito bancario del sector viene en descenso en los últimos tres años.Eso informó ayer la página digital de El Cronista Comercial. Otro dato: sólo el 33% de las Pymes dijo haber solicitado un préstamo bancario en los 12 meses anteriores a julio de 2009.Dentro de ese grupo, dos terceras partes obtuvieron el préstamo, mientras que una tercera parte fue rechazada al menos por un banco."Estas cifras revelan un deterioro de las condiciones de crédito para las pequeñas y medianas empresas en los últimos tres años desde un pico de demanda y de oferte en 2006", sostiene el diario especializado en economía."Las barreras principales que encuentran (las pymes) para obtener financiamiento tanto de corto como de largo plazo son la inestabilidad económica del país y el valor y el tipo de la tasa (de interés) ofrecida", diagnosticó Gastón Repetto, Gerente Principal de Investigaciones del Banco Central.Según datos de la Fundación Observartorio Pyme, las pequeñas y medianas empresas buscan que la tasa de interés de los préstamos sea fija (es el requisito más importante en el 80% de los casos).Por lo general, las pymes necesitan financiamiento para la compra o arreglo de maquinaria, la compra de insumos, la compra o construcción de inmuebles y la adquisición de vehículos.El crédito aparece como un insumo clave para este proceso necesario de inversión, sin el cual la producción se estanca. Ante la ausencia crediticia, las empresas suelen reinvertir sus ganancias.Pero eso las deja ante una fragilidad financiera, al tiempo que traba los planes de expansión empresaria, piedra de toque de una economía, como la argentina, necesitada de inversión.No se puede imaginar un país desarrollado, ni esperar que se empiecen a remover las causas reales de la pobreza, sin la inversión productiva, destinada a hacer ensanchar la base material de la sociedad.Ahora bien, la inversión no es otra cosa que capital acumulado, es decir ahorro disponible. El problema es que la Argentina es un país que fuga sus capitales.Desde el segundo semestre de 2007, se han fugado del sistema la friolera de 45.000 millones de dólares, aproximadamente. El motivo: pérdida de confianza en el sistema argentino. Se entiende, entonces, por qué el capital es tan caro a nivel doméstico (y que se refleja en una tasa de interés muy alta).La Argentina tiene la menor relación crédito/PBI de la región, peor incluso que la de Venezuela. Esto hace que la banca argentina sea meramente transaccional.Es decir, no hay una oferta crediticia útil para el desarrollo. A eso se le suma el hecho de que las empresas, más allá de las condiciones de accesibilidad al crédito, son remisas a invertir ante la inestabilidad del país.En el fondo hay una cuestión de falta de confianza de los propios argentinos. No hay ahorro ni crédito, y hay temor a invertir, porque ellos siguen sin creer en su gobierno, y han perdido la fe en el país y en sus instituciones.La clase dirigente tiene por delante una difícil tarea, si es que desea que el país crezca: crear las condiciones político-institucionales para que los argentinos paren de fugar sus ganancias, y que ese capital disponible sirva como palanca, sea a través del crédito o de la inversión directa, del desarrollo nacional.
La situación del crédito pyme en el país fue objeto de análisis en un reciente encuentro en Buenos Aires. Allí se dijo que el acceso al crédito bancario del sector viene en descenso en los últimos tres años.Eso informó ayer la página digital de El Cronista Comercial. Otro dato: sólo el 33% de las Pymes dijo haber solicitado un préstamo bancario en los 12 meses anteriores a julio de 2009.Dentro de ese grupo, dos terceras partes obtuvieron el préstamo, mientras que una tercera parte fue rechazada al menos por un banco."Estas cifras revelan un deterioro de las condiciones de crédito para las pequeñas y medianas empresas en los últimos tres años desde un pico de demanda y de oferte en 2006", sostiene el diario especializado en economía."Las barreras principales que encuentran (las pymes) para obtener financiamiento tanto de corto como de largo plazo son la inestabilidad económica del país y el valor y el tipo de la tasa (de interés) ofrecida", diagnosticó Gastón Repetto, Gerente Principal de Investigaciones del Banco Central.Según datos de la Fundación Observartorio Pyme, las pequeñas y medianas empresas buscan que la tasa de interés de los préstamos sea fija (es el requisito más importante en el 80% de los casos).Por lo general, las pymes necesitan financiamiento para la compra o arreglo de maquinaria, la compra de insumos, la compra o construcción de inmuebles y la adquisición de vehículos.El crédito aparece como un insumo clave para este proceso necesario de inversión, sin el cual la producción se estanca. Ante la ausencia crediticia, las empresas suelen reinvertir sus ganancias.Pero eso las deja ante una fragilidad financiera, al tiempo que traba los planes de expansión empresaria, piedra de toque de una economía, como la argentina, necesitada de inversión.No se puede imaginar un país desarrollado, ni esperar que se empiecen a remover las causas reales de la pobreza, sin la inversión productiva, destinada a hacer ensanchar la base material de la sociedad.Ahora bien, la inversión no es otra cosa que capital acumulado, es decir ahorro disponible. El problema es que la Argentina es un país que fuga sus capitales.Desde el segundo semestre de 2007, se han fugado del sistema la friolera de 45.000 millones de dólares, aproximadamente. El motivo: pérdida de confianza en el sistema argentino. Se entiende, entonces, por qué el capital es tan caro a nivel doméstico (y que se refleja en una tasa de interés muy alta).La Argentina tiene la menor relación crédito/PBI de la región, peor incluso que la de Venezuela. Esto hace que la banca argentina sea meramente transaccional.Es decir, no hay una oferta crediticia útil para el desarrollo. A eso se le suma el hecho de que las empresas, más allá de las condiciones de accesibilidad al crédito, son remisas a invertir ante la inestabilidad del país.En el fondo hay una cuestión de falta de confianza de los propios argentinos. No hay ahorro ni crédito, y hay temor a invertir, porque ellos siguen sin creer en su gobierno, y han perdido la fe en el país y en sus instituciones.La clase dirigente tiene por delante una difícil tarea, si es que desea que el país crezca: crear las condiciones político-institucionales para que los argentinos paren de fugar sus ganancias, y que ese capital disponible sirva como palanca, sea a través del crédito o de la inversión directa, del desarrollo nacional.
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