Las redes sociales y la propia intimidad
Con los talk shows televisivos, que inauguraron la práctica de ventilar en la pantalla chica las pasiones y obsesiones de alcoba, se hizo borroso el límite entre lo privado y lo público, una tendencia que se ha exacerbado con las redes sociales. El sociólogo Zygmunt Bauman, en el libro "La sociedad sitiada", sostiene que hoy vivimos en una sociedad confesional, caracterizada por haber convertido en virtudes y obligaciones públicas el hecho de exponer abiertamente lo privado."Hemos instalado micrófonos en los confesionarios y los hemos conectado a una red de acceso público, y ventilar en público la propia intimidad se ha vuelto la tarea sine qua non de toda figura pública y la obsesión compulsiva de todos los demás", escribió.Fue la televisión, allá por los '80, la que puso en circulación pública la intimidad del dormitorio (mayor símbolo de lo privado), a través de programas que inmediatamente ostentaron los más altos ratings.La socialización online no ha hecho más que profundizar este fenómeno psicosocial. Los usuarios de Internet parecen estar felices de poder revelar detalles íntimos de sus vidas privadas.Hay quienes piensan que los inventores de las redes virtuales han tocado una cuerda sensible, una necesidad íntima insatisfecha: la de intercambiar información personal, a través de datos y fotos.Ahora los cientistas sociales y los expertos en comportamiento humano se preguntan cuáles son los riesgos del fenómeno. Por ejemplo, ¿está bien publicar fotos de los hijos? Las imágenes de bebés, niños y adolescentes, subidas por los propios padres, inundan plataformas como Facebook y Twitter. Tanta exposición, ¿no puede perjudicar a los propios chicos?La psicóloga Adriana López cree que los padres deberían preguntarse si no están violando la intimidad de sus hijos, exponiéndolos a las burlas y a la vergüenza.En declaraciones a "Entremujeres", afirmó que el sentimiento de orgullo que despiertan los hijos, y que alimenta el deseo de compartir con los demás lo que ellos hacen, obnubila el hecho de que esos datos llegan a desconocidos.La abogada Paula Spatola, especialista en seguridad, dice a propósito que el mayor error es creer que la información que subimos a Internet se mantiene en el círculo privado de los amigos.Los adultos pierdan de vista, así, que estos últimos a su vez pueden compartir esos contenidos con sus propios contactos, y éstos con los suyos, generando un efecto multiplicador donde la privacidad inicial se diluye finalmente.El riesgo es que esa información personal puede ser usada en perjuicio de los propios usuarios, toda vez que pueden acceder a ella personas malintencionadas.Por otro lado, Spatola recuerda que las más de 100.000 empresas que anuncian en Facebook tienen derecho legal a acceder a toda la información que los usuarios comparten y publican a diario.No es casual, en tanto, que esa red social prohíba que los menores de 13 años puedan abrir una cuenta, por temor a las visitas indiscretas (aunque los chicos suelen burlar ese límite).El responsable de Facebook en Argentina, Alejandro Zuzenberg, carga la responsabilidad en los padres, a quienes les recuerda que la información que cada uno comparte online puede ser "levantada" por diferentes sitios.Además uno no tiene control absoluto de cuánto tiempo va permanecer lo que se publica. "Porque si uno sube una foto aunque después la elimine, si alguien la copió y se la guardó, ya está, la tiene otra persona", reconoció.
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