Las señales de los jóvenes
Número elevado de adolescentes que repiten o abandonan la escuela. Una realidad caótica, pero que los adultos deben hacerse cargo. Por Elsi Rodrí[email protected] Los jóvenes en su proceso educativo deben estar contenidos y acompañados desde el hogar, como célula fundamental, pero como eje pedagógico, por supuesto, está la escuela. La familia no puede faltar, no puede estar ausente en nada de lo que involucre la educación de ese joven. Es desde este entorno donde pueden ver con claridad de dónde vienen, quiénes están a su lado, a quiénes pueden y deben recurrir en las dificultades y es en ese lugar, su casa, junto con sus seres queridos, donde comenzará el armado de su persona, donde asimilará los códigos sociales con los que se desenvolverá y donde podrá programar cualquier proyecto educativo por el que se sienta atraído para concretar a futuro. Si no está dada toda esta base, es muy factible que los adolescentes pierdan el rumbo y el interés, y comiencen un camino alejado de la educación formal.Una realidad que va en aumento en nuestra ciudad es el gran número de alumnos que en la escolaridad secundaria repiten reiteradamente o abandonan los estudios. Procurando entender esta problemática, fue el Prof. Luis Recalde (*) quien nos brindó a través de sus palabras, su conocimiento e investigación en el tema. ¿Por qué la escolaridad perdió en la voz popular el lugar privilegiado que tenía?Esa cuestión puede ser abordada desde un nivel macro, y poner la mirada en las políticas, la sociedad, los cambios culturales, etc. Pero también, admite una mirada desde lo micro, al interior de las escuelas, que es lo que podemos cambiar, en cierta medida.Cualquier proceso educativo tiene que estar situado, no puede estar apartado de la sociedad y del momento en el que se desarrolla. Algunos pedagogos adjudican el fracaso escolar a una educación descontextuada de la realidad. Las instituciones son una red de relaciones, donde hay muchísimos actores, esto implica responsabilidades distintas, por lo tanto es muy difícil poder dar un diagnóstico certero sobre las razones de esa falta de valoración de la educación y de lo que ocurre en las escuelas, pero obviamente éstas deben poner la mirada sobre sí mismas, cada tanto, para poder analizar aspectos que se reiteran y que entorpecen el buen proceso educativo o un aprendizaje exitoso. ¿Cuáles son las problemáticas planteadas?En los últimos años se ha visto como factores problemáticos en el sistema educativo, tres indicadores: la repitencia, la sobreedad y el abandono. El 7mo, 8vo y 9no año del EGB3, que ahora se transformó a partir de la reforma educativa en 1º , 2º y 3º del Ciclo Básico Común, allí está el gran problema de repitencia, que produce aulas con superpoblación, falta de bancos o vacantes, que a su vez origina rotación por diferentes colegios sin adquirir sentido de pertenencia, de identidad con un proyecto educativo elegido. Y como contrapartida, los años superiores muestran cursos con escaso número de alumnos. Ahora bien, la permanencia en el sistema tiene un costo, que es la sobreedad, conformándose grupos muy heterogéneos generando dificultades no sólo en la enseñanza, sino también repercutiendo en las familias, pues se produce un cierto grado de temor ante esta interrelación de chicos de edades tan distintas. ¿Cómo se debería enfocar esta realidad educativa?Frente a esta problemática tan compleja debemos encarar la forma de procurar revertir esta situación, donde el desinterés educativo en los jóvenes parece haberlos dominado y los padres y los docentes, por momentos parecen perdidos, sin saber cómo actuar. Pararnos en un paradigma alentador es lo más saludable. Los esfuerzos para garantizar la permanencia, retención y promoción de los jóvenes en situación de riesgo de abandono escolar tienen diferentes caminos que no alcanzan a superar esta crisis de inclusión. Entre ellos tenemos los aportes psicodidácticos de los últimos años que pusieron la mirada en la didáctica de la ciencia, bajo el supuesto de que los aprendizajes no eran significativos y por eso no se lograba nada.Frente a un joven que falta y falta, que no estudia, que trabaja muchas horas y viene sin descansar lo necesario, padres que no responden, la escuela no tiene herramientas.Por un lado, la institución educativa y la institución familia deben estar unidos en esta cuestión. Por otro lado, se debe dar un debate serio, sincero, en el actual régimen educativo, para encontrar estrategias que consideren esas trayectorias reales de los alumnos, que son trayectorias interrumpidas fragmentadas, con escasos saberes. Éste es el gran desafío de las instituciones. ¿Ésta situación de inestabilidad en los jóvenes presenta signos para estar atentos?Cuando empezamos a preguntarnos por qué repiten los chicos, aparecen elementos de alerta, previos a esa repitencia, como por ejemplo las reiteradas faltas, que, posteriormente, los deja en condición de libres y sobreviene el abandono inminente. Otro síntoma que se presenta en estos casos, es la ausencia en las mesas de exámenes de julio, diciembre o febrero. Esto ya es un abandono encubierto. Aquí la escuela tiene la misión de incluirlos, creando condiciones de educabilidad, para que tengan un proceso de cambio, una toma de conciencia de la importancia de la educación, pero tendiendo en cuenta la significatividad social del alumno. Pero de esto, no puede estar ajena la familia, el adulto responsable que esté al tanto del ritmo de estudio de ese joven, de su asistencia a clases y de los resultados de las calificaciones. Ese mismo adulto que haga sentir a ese estudiante que no está solo, que hay quien se preocupa y se ocupa de él. ¿Es posible revertir esta problemática escolar?La sociedad actual y la familia como componente de ella, están en crisis. Ya los hogares no tienen la conformación de antes, el trabajo y la economía también han tenido un cambio sustancial y la educación no está exenta en esta crisis. Todos estos factores que influyen directamente en la repitencia y el abandono escolar, no deben ser tomados para escandalizarnos o poner sólo el grito de alarma. El verdadero camino es el transformador, que de estos elementos encontremos la forma de encarar esta problemática y entre todos los adultos, a partir de la toma de conciencia, buscar alternativas que nos acerquen a los jóvenes y poder así entender sus necesidades, sus vacíos, y poder estimularlos para generar la construcción de proyectos de vida, en definitiva. (*) Prof. Luis Recalde – Profesor en castellano, literatura y latín– Director Esc. Secundaria Nº 216 “Esteban Piacenza”, C. Uruguay Norte– Coordinador del área comunicación y expresión en el Colegio Luis Clavarino– Docente en Nivel Medio y Nivel Superior – Inst. Sedes Sapientiae e ISPED ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
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