Las urnas dibujan el perfil de un país plural
Entre las muchas interpretaciones que sugiere el resultado electoral del domingo, una de ellas revela la existencia de una Argentina plural en su pensamiento político, piedra de toque de la democracia. A la hora de explicar cómo quedó el mapa político, tras las elecciones legislativas del 27 de octubre, habrá que decir por lo pronto que el gobierno remontó en parte las tendencias generales observadas en las PASO (recuperó un millón de votos).Los números ameritan que cada parcialidad pueda decir que ganó, y no faltar a la verdad al respecto. El gobierno puede decir, como lo dijo tras las PASO, que es la primera fuerza a nivel nacional.Y eso, efectivamente, es así: el Frente para la Victoria (FpV) obtuvo alrededor del 33% de los votos, seguido por FAP-UNEN-UCR con el 23%, el Frente Renovador de la provincia de Buenos Aires con un 17%, en tanto que el PRO obtuvo un 9 %.Pero cabría especular que eso es lógico que ocurra, toda vez que el FpV, el partido del gobierno, es la única fuerza con presencia en todas las provincias, algo que no ocurre con las otras nominaciones.Desde el punto de vista distrital, el kirchnerismo ganó con sus aliados en 11 de los 24 distritos del país. Aunque hay un dato no menor: la oposición sacó varios cuerpos de ventaja en la zona geográfica donde se produce la mayor riqueza del país (Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, Mendoza).También es verdad que el oficialismo retiene la mayoría legislativa en las cámaras del Congreso, aunque con un margen estrecho. Al respecto el interrogante que se abre en estos dos años es si el oficialismo, por la dinámica de los acontecimientos, logrará evitar la fuga de algunos legisladores propios.A su vez, no mienten quienes dicen que el dirigente político más votado en el país fue Sergio Masa, que hizo una extraordinaria elección en la provincia testigo de la política argentina, Buenos Aires. El líder del Frente Renovador sacó 3,7 millones de votos (contra 2,7 millones de Martín Insaurralde).Globalmente, por otro lado, habrá que decir que un tercio del electorado (7,5 millones de electores) votó al oficialismo y sus aliados, en tanto que los dos tercios restantes se repartieron entre expresiones opositoras (16,1 millones).Según los analistas políticos, son varios los candidatos que, al ganar en sus distritos, se anotaron para las presidenciales de 2015. Entre los opositores Sergio Masa, Mauricio Macri, Julio Cobos y Hermes Binner. En el oficialismo, en tanto, figuran Sergio Urribarri, Jorge Capitanich y Gerardo Zamora.Más allá de las lecturas que hagan las distintas parcialidades políticas sobre las elecciones del domingo, lo importante es resaltar que la sociedad argentina decidió volver al "politeísmo político", como ha dicho acertadamente Enrique Valiente Noailles.En otras palabras, frente a la pretensión monoteísta, que postula la verdad revelada del pensamiento único, propia de los regímenes fascistas, los argentinos creen en expresiones diversas, en el marco de una democracia sin excomuniones.En las sociedades abiertas, donde la cultura es algo cambiante y evolutivo, sometido a hábitos de pensamiento y conducta plurales, el poder no puede ser monopolizado por ninguna facción, con delirios mesiánicos.La democracia vive de la diversidad, no de la hegemonización ideológica; crece en la convivencia plural, no en el disciplinamiento stalinista; por eso el desafío, como ha dicho el Papa Francisco, es la "unidad en la diversidad".
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