Las urnas hablaron y el chirlo electoral se hizo sentir: ¿entenderán?
Las urnas hablaron. Es cuando el silencio hace ruido. Cuando el silencio ensordece. Cuando dice muchas cosas. Esa sociedad que el domingo dijo mucho, ha vuelto al silencio. A sus problemas y padeceres cotidianos. Ahora, nuestros dirigentes, tienen la obligación de escuchar y entender el mensaje.
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El DíaEl chirlo electoral que el domingo sufrió el kirchnerismo se veía venir. Desde hace tiempo la sociedad empezó a dar señales de fatiga sobre los métodos y usos de un sector del peronismo que abusó de ellos. Hace pocas horas, un veterano dirigente, conocedor de las profundidades entrerrianas dio en el clavo: "a nosotros no nos ganó la 504, sino la 125". La reflexión, no es tan lineal como parece. La famosa y ahora emblemática Resolución 125, no sólo marcó el límite para un sector, sino para buena parte de la sociedad. Aquella resistencia al método prepotente, soberbio y autoritario, se fue extendiendo irresistiblemente. En realidad, la 125, fue el pretexto que buena parte de la sociedad encontró para canalizar su bronca, el hastío por una forma de ejercer el poder que, en rigor, no ha sido patrimonio exclusivo del kirchnerismo.Lo peor fue que no se dieron cuenta y amagan ahora con cometer el mismo error. El 70% de los argentinos sepultó el domingo una forma de hacer política y volvió a enarbolar un reclamo de calidad institucional. Es cierto que los vaivenes económicos influyen en el humor social, pero en marzo del año pasado, ¿cuántas cosas habían cambiado respecto a octubre de 2.007, cuando Cristina se alzó con la Presidencia con el 47% de los votos? No muchas, sobre todo en los números. El quiebre se produjo por las formas, por el empecinamiento, por la descalificación, por ese intento tan inútil como peligroso de dividir a una sociedad como la Argentina, que ha recorrido esos tristes caminos a lo largo de su historia. Aquella actitud, marcó un antes y un después en la relación de la sociedad con el kirchnerismo.Pero lo peor no había venido. Hubo tantos mojones indicando el reclamo de la sociedad como ignorancia por parte del gobierno ante ellos. Ninguna de las señales que se emitieron llegó a puerto. Cuando el desbarranque se venía, Néstor Kirchner empezó a sacar conejos de una galera gastada. Corrió las elecciones, las candidaturas testimoniales, promovió causas contra los candidatos opositores, arremetió contra los medios de comunicación y al final, cerrando el círculo, encomendó su futuro a los 'barones' del Conurbano Bonaerense, esos mismos que tantas veces defenestró y acusó como lo peor de la política. Fue la profecía autocumplida: los cuadros que le sopló a Duhalde con métodos no santos, son los que le cavaron la tumba y lo acompañaron hasta la puerta del cementerio. Particular indignación le causó a Kirchner ver los números de algunos distritos del Conurbano, especialmente la Segunda Sección Electoral, a la que apostaba todo. Varios intendentes sacaron más votos que él mismo, en algunos casos con diferencias cercanas al 10%. "Me mandaron al matadero...!" vociferaba Kirchner mientras caminaba como león enjaulado el domingo por la noche. La imagen que dio, la madrugada del lunes, buscando justificaciones y atajos para admitir la derrota, y advirtiendo que la intención es 'profundizar' el modelo, no fueron lo mejor de su agotado repertorio. A su lado, demudado, Daniel Scioli intentaba disimular la desazón. Lo que ellos mismos habían empujado durante toda la campaña, se había diluido en un día. El modelo, ese del que tanto se llenaban la boca, había sido castigado en las urnas.En ninguno de los distritos grandes de la Argentina ganó el mismo partido. En Buenos Aires se impuso el PJ Disidente, en Capital el PRO, en Santa Fe Reutemann, en Córdoba Luis Juez, en Mendoza el cobismo y en Entre Ríos la Alianza UCR-Coalición Cívica. Este rompecabezas, sólo matizado por las victorias del oficialismo en el norte, implica todo un desafío para ganadores y perdedores. Es probable que, hastiada de los desbordes y la soberbia, la sociedad haya resuelto darle el poder a todos y no dárselo a nadie. O, en todo caso, reservarse para sí el poder de decisión final.El gobierno quedó profundamente debilitado después del domingo y la oposición fortalecida, pero imposibilitada de actuar sin consensos o acuerdos previos. El caos que se preanunció la semana pos elecciones nunca llegó. A nadie se le ocurrió pedir renuncias ni levantó el tono de voz. La Argentina siguió marchando, con todos sus problemas a cuestas, pero sin abismos ni gritos. En esto, la oposición pareció entender el desafío y el mensaje de la sociedad. Pero el gobierno sigue encerrado en sus propios pensamientos. La miniconferencia de prensa que la Presidenta dio el lunes fue más de lo mismo. Influenciada quizás por el ala dura del gobierno, sólo buscó atajos numéricos para no reconocer la derrota y no hubo un solo esbozo de autocrítica. Parece que la pérdida de las mayorías parlamentarias, devenida de la debacle electoral, no fue un dato de la realidad digno de tener en cuenta. La victoria en Calafate se pareció demasiado al Pericos de Menem o a la mesa de Necochea de Adolfo Rodríguez Saá. Los tres casos marcaron una asintonía con la realidad, peligrosa para el futuro.La sociedad el domingo votó con sabiduría. Entregó premios y castigos pero no condenó a nadie a la eternidad del infierno o del paraíso. Al cabo, volvió a apostar por un sistema. Mejor, con más equilibrio, con más integración e igualdad. Volvió a apostar por la democracia. Por menos gritos y más orejas. Por menos bolsillo, y más corazón y mente. Se cayeron algunos mitos. Con la caja ya no alcanza para todo. Desde el Conurbano Bonaerense no se puede manejar la Argentina. Ni desde Olivos ni desde la Casa Rosada. Ahora será el turno de una reforma política en serio, no declamada ni actuada sino ejercida. Sino entienden el mensaje las urnas guardarán silencio y en el 2011 volverán a decir lo suyo. Así es la democracia.
Por Jorge Barroetaveña
Especial para El DíaEl chirlo electoral que el domingo sufrió el kirchnerismo se veía venir. Desde hace tiempo la sociedad empezó a dar señales de fatiga sobre los métodos y usos de un sector del peronismo que abusó de ellos. Hace pocas horas, un veterano dirigente, conocedor de las profundidades entrerrianas dio en el clavo: "a nosotros no nos ganó la 504, sino la 125". La reflexión, no es tan lineal como parece. La famosa y ahora emblemática Resolución 125, no sólo marcó el límite para un sector, sino para buena parte de la sociedad. Aquella resistencia al método prepotente, soberbio y autoritario, se fue extendiendo irresistiblemente. En realidad, la 125, fue el pretexto que buena parte de la sociedad encontró para canalizar su bronca, el hastío por una forma de ejercer el poder que, en rigor, no ha sido patrimonio exclusivo del kirchnerismo.Lo peor fue que no se dieron cuenta y amagan ahora con cometer el mismo error. El 70% de los argentinos sepultó el domingo una forma de hacer política y volvió a enarbolar un reclamo de calidad institucional. Es cierto que los vaivenes económicos influyen en el humor social, pero en marzo del año pasado, ¿cuántas cosas habían cambiado respecto a octubre de 2.007, cuando Cristina se alzó con la Presidencia con el 47% de los votos? No muchas, sobre todo en los números. El quiebre se produjo por las formas, por el empecinamiento, por la descalificación, por ese intento tan inútil como peligroso de dividir a una sociedad como la Argentina, que ha recorrido esos tristes caminos a lo largo de su historia. Aquella actitud, marcó un antes y un después en la relación de la sociedad con el kirchnerismo.Pero lo peor no había venido. Hubo tantos mojones indicando el reclamo de la sociedad como ignorancia por parte del gobierno ante ellos. Ninguna de las señales que se emitieron llegó a puerto. Cuando el desbarranque se venía, Néstor Kirchner empezó a sacar conejos de una galera gastada. Corrió las elecciones, las candidaturas testimoniales, promovió causas contra los candidatos opositores, arremetió contra los medios de comunicación y al final, cerrando el círculo, encomendó su futuro a los 'barones' del Conurbano Bonaerense, esos mismos que tantas veces defenestró y acusó como lo peor de la política. Fue la profecía autocumplida: los cuadros que le sopló a Duhalde con métodos no santos, son los que le cavaron la tumba y lo acompañaron hasta la puerta del cementerio. Particular indignación le causó a Kirchner ver los números de algunos distritos del Conurbano, especialmente la Segunda Sección Electoral, a la que apostaba todo. Varios intendentes sacaron más votos que él mismo, en algunos casos con diferencias cercanas al 10%. "Me mandaron al matadero...!" vociferaba Kirchner mientras caminaba como león enjaulado el domingo por la noche. La imagen que dio, la madrugada del lunes, buscando justificaciones y atajos para admitir la derrota, y advirtiendo que la intención es 'profundizar' el modelo, no fueron lo mejor de su agotado repertorio. A su lado, demudado, Daniel Scioli intentaba disimular la desazón. Lo que ellos mismos habían empujado durante toda la campaña, se había diluido en un día. El modelo, ese del que tanto se llenaban la boca, había sido castigado en las urnas.En ninguno de los distritos grandes de la Argentina ganó el mismo partido. En Buenos Aires se impuso el PJ Disidente, en Capital el PRO, en Santa Fe Reutemann, en Córdoba Luis Juez, en Mendoza el cobismo y en Entre Ríos la Alianza UCR-Coalición Cívica. Este rompecabezas, sólo matizado por las victorias del oficialismo en el norte, implica todo un desafío para ganadores y perdedores. Es probable que, hastiada de los desbordes y la soberbia, la sociedad haya resuelto darle el poder a todos y no dárselo a nadie. O, en todo caso, reservarse para sí el poder de decisión final.El gobierno quedó profundamente debilitado después del domingo y la oposición fortalecida, pero imposibilitada de actuar sin consensos o acuerdos previos. El caos que se preanunció la semana pos elecciones nunca llegó. A nadie se le ocurrió pedir renuncias ni levantó el tono de voz. La Argentina siguió marchando, con todos sus problemas a cuestas, pero sin abismos ni gritos. En esto, la oposición pareció entender el desafío y el mensaje de la sociedad. Pero el gobierno sigue encerrado en sus propios pensamientos. La miniconferencia de prensa que la Presidenta dio el lunes fue más de lo mismo. Influenciada quizás por el ala dura del gobierno, sólo buscó atajos numéricos para no reconocer la derrota y no hubo un solo esbozo de autocrítica. Parece que la pérdida de las mayorías parlamentarias, devenida de la debacle electoral, no fue un dato de la realidad digno de tener en cuenta. La victoria en Calafate se pareció demasiado al Pericos de Menem o a la mesa de Necochea de Adolfo Rodríguez Saá. Los tres casos marcaron una asintonía con la realidad, peligrosa para el futuro.La sociedad el domingo votó con sabiduría. Entregó premios y castigos pero no condenó a nadie a la eternidad del infierno o del paraíso. Al cabo, volvió a apostar por un sistema. Mejor, con más equilibrio, con más integración e igualdad. Volvió a apostar por la democracia. Por menos gritos y más orejas. Por menos bolsillo, y más corazón y mente. Se cayeron algunos mitos. Con la caja ya no alcanza para todo. Desde el Conurbano Bonaerense no se puede manejar la Argentina. Ni desde Olivos ni desde la Casa Rosada. Ahora será el turno de una reforma política en serio, no declamada ni actuada sino ejercida. Sino entienden el mensaje las urnas guardarán silencio y en el 2011 volverán a decir lo suyo. Así es la democracia.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

