Las vacaciones o el tiempo de receso
El sentido de las vacaciones deriva de la etimología de la palabra de origen latino "vacatio", que significa un tiempo de vaciamiento y suspensión de las actividades normales.Estar libre, desocupado, vacante, en algún momento del año, es algo necesario para la salud física y mental de aquellos que trabajan o estudian. El receso, por tanto, no implica vagancia ni lujo recreativo.Es la consecuencia lógica de una vida cargada de actividades y de compromisos laborales. Dado que el descanso es una necesidad humana elemental, ha devenido en un derecho básico consagrado por la legislación internacional."Las vacaciones son para la vida, como el sueño nocturno para el día a día. Si se duerme menos de los necesario, se rinde poco y mal se anda irritado y deprimido", sostiene la psicoanalista Ana Krieger, miembro de la Asociación Psicoanalista Argentina.Las vacaciones anuales, que suelen coincidir en la Argentina con los meses de enero y febrero, constituyen el período de interrupción de la prestación efectiva de servicios más largo que establece la legislación a lo largo de cada año.Y esto con el propósito de que el trabajador pueda reponerse de la fatiga física y psíquica inherente al desarrollo de su actividad laboral. Además del reposo, es un tiempo de ocio.Es decir, a la vez que se libera de la carga laboral el trabajador puede disfrutar del tiempo libre con los suyos. Es decir, las vacaciones son una alternativa para incrementar la convivencia familiar.De esta manera, aparece como una necesidad de promoción personal y de protección de la familia, algo que es visto en término de progreso social. Que todo el mundo deba ejercer una actividad se ha convertido, al menos en Occidente, en un firme mandato.El hombre ve en el conjunto de las formas del trabajo un beneficio considerable en términos de bienestar. A cambio de su labor recibe una retribución monetaria gracias a la cual puede hacer frente a los consumos individuales y familiares.Ahora bien, desde hace tiempo existe la duda de si se trabaja para vivir o al revés: si se vive para trabajar. El culto al trabajo es un rasgo de la actual sociedad, que algunos atribuyen a la búsqueda incesante de bienes de consumo.¿Acaso el ser humano se ha convertido en un esclavo lamentable de la actividad laboral, impelido por una rueda que lo lleva a producir para consumir cada vez más? En este contexto, las vacaciones aparecen como un espacio gratuito donde, fuera del frenesí de la actividad, las personas tienen la posibilidad de reconciliarse con sí mismas y con los demás.Tomarse vacaciones, por tanto, no sólo sería importante para mantener el equilibrio físico y mental, con vistas a recuperar las energías perdidas. Puede ser una ocasión para repensar la vida laboral en sí misma, para evaluar que hay algo más allá de la actividad frenética e intolerante.El trabajo permanente y constante, ¿no embrutece y trivializa y nos convierte en seres impersonales, en meros autómatas del engranaje de la economía y el consumo?El hecho de salir de la rutina, cambiar de ambiente y olvidarse de las presiones cotidianas, no sólo hace bien a la salud del trabajador. Sino que abre un espacio para la contemplación y la reflexión de esa persona.El tiempo libre no es incompatible con la búsqueda de otros sentidos para la vida. Salir de la lógica laboral, el cambio de entorno, puede ayudar a ser creativos respecto de nuestra propia existencia y del lugar que ocupa en ella el trabajo.
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