Las vicisitudes del modelo cubano
La era post-Fidel Castro ha instalado la incógnita histórica acerca del futuro de Cuba. El gobierno de su hermano Raúl lidera una transición hacia un esquema más socialdemócrata, pero es un cambio no exento de problemas.Al asumir las riendas del Estado, allá por 2008, en su primer discurso ante la Asamblea Nacional Cubana como Presidente del Consejo de Estado, Raúl Castro atacó el igualitarismo, lo que fue leído como la primera herejía respecto de la doctrina marxista, que es la ideología del régimen."Socialismo significa justicia social e igualdad, de derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es igualitarismo. Éste, en última instancia es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún, por el vago", sostuvo.Como se ve, Castro introduce aquí un criterio de desigualdad: el buen trabajador que debería ser mejor recompensado que aquel "vago" que no trabaja. El concepto se asemeja al que rige en las sociedades que premian el mérito.Según éste los esfuerzos y capacidades de las personas son diferentes, y también varían sus aportes al funcionamiento social. Es necesario, por consiguiente, establecer recompensas diferentes para estimular el desempeño de cada uno.¿Cree acaso Raúl Castro en la meritocracia, en el despliegue del talento y el desempeño personal, piedra de toque de las sociedades liberales? ¿Pretende que en Cuba se fomenten el esfuerzo y se premien los logros individuales?Habrá que acotar que para Carlos Marx el modelo social deseado se vincula a la igualdad absoluta, donde cualquier atisbo de "estratificación", de jerarquía de riqueza y poder debe ser eliminado de raíz, si se quiere implantar el comunismo.La desigualdad de ingresos, de la que habla Raúl Castro, supone aceptar una desigualdad de desempeños y de valía entre las personas. Algo que a la vez alienta la iniciativa individual en la búsqueda de "ascenso social". ¿Cómo se concilia esto con el dogma comunista de la igualdad absoluta?Al aceptar la existencia del mercado, el régimen castrista se aparta del comunismo (que postula la colectivización de los medios de producción), por un sistema mixto donde coexisten la injerencia estatal y la propiedad privada.El 7 de julio pasado, en su último discurso ante la Asamblea Nacional Cubana, Castro habló de un "socialismo próspero y sostenible", donde se "reafirma a la planificación como instrumento indispensable en la dirección de la economía, sin negar la existencia del mercado".El jerarca cubano sostuvo que la isla está atravesando "un largo y complejo camino para actualizar nuestro modelo económico y social", al reconocer la privatización de muchas actividades antes bajo control estatal.Eso excluye, dijo, "la utilización de terapias de choque y el desamparo de millones de personas que caracterizan a las políticas de ajuste aplicadas en los últimos años en varias naciones de la rica Europa".Como sea, el fantasma de la "indisciplina social" jaquea al modelo cubano, según confesó su líder, quien se mostró alarmado por la "pérdida de valores éticos y el irrespeto a las buenas costumbres" en la isla, tras más de 50 años de revolución comunista, la cual venía a crear el "hombre nuevo socialista"."Hemos percibido con dolor -diagnosticó Raúl Castro- el acrecentado deterioro de los valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás".
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