Lecturas que suscita la elección porteña
Se diría que lo más interesante de los comicios porteños no fue lo que pasó el domingo último, sino lo que vino después: la hermenéutica del voto y la pifiada de las encuestadoras.¿Qué expresó el triunfo abultado en primera vuelta de Mauricio Macri? El kirchnerismo, a través de sus voceros culturales, cargó contra el electorado porteño.El músico Fito Páez dijo que la mitad de los porteños le causaba "asco", en tanto que Horacio González, el director de la Biblioteca Nacional teorizó que en la ciudad de Buenos Aires se instaló una "ideología tacaña, particularista, defensiva y egoísta".Es curioso que esta andanada ocurra cuando se sabe que el candidato oficialista a jefe de gobierno, Daniel Filmus, debe ir a un balotaje para ganar la adhesión de ese electorado vituperado, y torcer así el rumbo electoral.El enojo kirchnerista acaso deba entenderse como la reacción de un grupo político que, creyéndose superior moralmente a los otros, no termina de asimilar que haya personas (en este caso muchas) que no lo voten.Pero al margen de este esta discusión (hay quienes deducen de ese enojo las marcas de un pensamiento fascista) es interesante detenerse en que tras toda votación existe el ánimo de desentrañar su significado.Desde el arco opositor, por ejemplo, dan por sentado que los porteños votaron contra Cristina Kirchner, más que por Macri. Si se suman los votos que fueron al actual jefe de gobierno y los que capitalizaron otras fuerzas no kirchneristas (Pino Solanas, por caso) se llega a un 70% del electorado.A partir de ese análisis, los opositores proyectan los votos de Capital al resto del país, en una lectura bastante lineal, y entonces vaticinan a nivel nacional un escenario de segunda vuelta, y después un vuelco electoral a favor del candidato anti K.Primera objeción: ¿es tan fácil desentrañar los móviles de millones de votos y a la vez extrapolarlos a potenciales votantes? ¿Cómo se hace para dilucidar la verdadera intención del electorado, que por otra parte no deja de tener un componente irracional?En las ruedas de café, así como se arman equipos de fútbol, hay una tendencia a pontificar sobre el "mensaje de las urnas", como si ese contenido fuese algo nítido y unívoco.Se diría que las razones por la cuales un electorado vota a un candidato permanecen siempre inasibles, aunque eso no significa que no se puedan formular conjeturas.La conjetura se refiere a una afirmación que se supone cierta, pero que no ha sido probada. A pesar de estas aprensiones, los resultados electorales suelen elevar a categoría de científicas algunas interpretaciones del caso, reconstrucciones de lo sucedido con pretensiones hegemónicas.Ahora bien, ¿por qué creerle a estas facturas hermeneúticas? ¿Acaso son lecturas despojadas de toda intencionalidad? ¿Qué hace suponer que estos juicios a priori no reflejan el deseo de quienes los formulan?Idéntica objeción cabría hacerle a la mayoría de las encuestadoras que erraron feo con sus guarismos en la elección porteña. Sobre todo en la diferencia que realmente se verificó entre Macri y Filmus.Ahora todo el mundo sospecha, y con razón, que con respecto a las encuestas la clave es saber quién las paga. Porque ya se sabe que estas mediciones, que en teoría deberían confeccionarse con rigor científico, suelen ser instrumentos de propaganda electoral.Publicar que se está ganando, y que el inmediato perseguidor en la lucha electoral es este político y no otro, es un arma discursiva dirigida a inducir al electorado.Verdad sobre las encuestas que se publican: dime quién las financia y te diré su resultado.
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