Ley de Medios: El Desafío de la Pluralidad
Por más de dos años la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, la famosa "Ley de Medios", ha sido un tema recurrente en la agenda del Estado y, también, de la Sociedad Civil.María Agustina DíazOpiniónEl basto, amplio y profundo aparato estatal de leyes e instituciones que la última dictadura militar heredó a la democracia argentina, junto con un plan económico, comercial y productivo liberal, se perpetuó por dos décadas a pesar de los gobiernos constitucionales que se sucedieron en el poder.Las décadas de los 80' y 90' nos adentrarían en el fenómeno de la concentración: concentración de la riqueza, concentración de la tierra, concentración de los medios de producción y la concentración de la palabra, del discurso, del relato, de la posibilidad de expresión.Esa concentración de la palabra y el relato, esa monocromática voz, acompañó y co-coordinó la instrumentación de políticas sociales, culturales y económicas nefastas sembrando en el cuerpo social la sensación de derrota, de monopolización de la "verdad", de silenciamiento. Basta repasar las tapas de los diarios explicando -celebrando- los anuncios de los ajustes y las privatizaciones y recriminando la protesta social que éstos generaban. O la banalización y farandulización de todos los temas, de todas las consignas, de todas las banderas.Así fue como, repitiéndolo hasta el hartazgo, nos convencieron de que vivimos en un país de segunda, de poca monta, de poco horizonte. Así nos inculcaron que los reclamos sociales de los hacinados de las villas, de los obreros sin trabajo, de los maestros sin meses de goce de sueldo, de los marginados que nunca vieron una gota del "efecto derrame" prometido, eran actos criminales, de haraganes, piquetes de los que nos que no quieren ir a trabajar. Así fue como frente a la vista de todos se invisibilizaron o demonizaron luchas y resistencias.Una Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual, sancionada por el Congreso de la Nación Argentina, en un arduo proceso deliberante donde participaron todas las fuerzas políticas y que acompañaron cientos de foros de agrupaciones políticas, universidades, organizaciones de base y de la sociedad civil, vino a remplazar más de 20 años después una "ley" fuertemente anti-democrática instaurada en tiempos de botas y tanques.¿Qué establece esta nueva ley? ¿Qué es lo que genera tanto resquemor? ¿Acaso es su justa tendencia anti-monopólica y anti-oligopólica? ¿Acaso es la excepcional posibilidad de que las universidades públicas y las instituciones educativas puedan producir nuevos contenidos según sus propios lineamientos? ¿Acaso es el apoyo a los productos cinematográficos nacionales? ¿Acaso es la obligatoriedad de emitir y reproducir música nacional? ¿Acaso es la fijación de un 33% de las localizaciones radioeléctricas planificadas para ser utilizadas solo por organizaciones sin fines de lucro? ¿Acaso es la apertura a la expresión de los pueblos originarios?Creo que nadie puede responder que la Ley de Medios es rechazada, por algunos sectores, por todos estos elementos. Es rechazada por su carácter justo, por su carácter democrático. Es rechazada por corporaciones mediáticas a las que a poco le importa la voz del oprimido, el reclamo cierto de justicia social. Basta ver los "informes" o "investigaciones" con los que buscan retratar la pobreza, la desigualdad. O bien son crónicas romanticonas, musicalizadas con sonidos melancólicos y lastimosos, que buscan ilustrar la heroicidad individual de un iluminado del lugar. O son demonizaciones de las barriadas humildes, de los jóvenes que las habitan, de su cultura, de sus formas. Así aparecen las infelices asociaciones de pobreza = criminalidad. Así desaparece la denuncia a las estructuras que provocan esa pobreza, o la criminalidad.Medios a los que poco les puede importar la defensa de los derechos de la mujer si son ellos los que han retratado a la mujer como un objeto más de consumo, deshumanizándola, mercantilizándola.La Ley es rechazada por los que no pueden adecuar sus intereses a ella sin entender que la adecuación es exactamente al revés.La aplicación de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual supone un profundo desafío para todos. El Estado deberá responder a un inmenso número de demandas y expectativas que, felizmente, se generarán. Las empresas de medios deberán de respetar todos y cada uno de los artículos de la Ley, dejando de apelar una y otra vez a una justicia que ya ha fallado a favor de la democracia. Y nosotros, los ciudadanos, deberemos esforzarnos por tener la madurez cívica suficiente como para respetar, disfrutar y celebrar la diversidad, la pluralidad, la diferencia, el debate, lo distinto. Claro que no será fácil, acostumbrados a décadas de discursos únicos y monocromáticos. Se abre la posibilidad de tener un relato con paleta de colores. Se abre la posibilidad de escribir aquellas historias, aquellas verdades, guardadas tanto tiempo debajo de la alfombra. *Licenciada en Ciencia Política / Asesora Casa de Entre Ríos
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