Lista única, problemas múltiples
Inspiradas en el excelente editorial del domingo anterior, vayan estas reflexiones sobre el mismo tema, tratando de contribuir a erradicar ciertos fantasmas. Por Gustavo Rivas*Opinión El primero es el de la "lista única". Algunos parecen centrar su preocupación en algo que no existe ni existirá. Habiendo un sólo partido que no integre tal lista, la elección debe convocarse como lo marca el art. 237 de la Constitución Provincial y el art. 1 de la Ordenanza Municipal N° 11343 del 29-12-09. Por lo pronto, el Partido Socialista ha manifestado su clara posición ajena a tal lista única y ello es suficiente. Pero aún en el caso de que no existiera partido alguno fuera de ese acuerdo, la conformación de la Convención Municipal con integrantes no elegidos por el pueblo sería, en virtud de las citadas normas, nula, de mal gusto y un pésimo antecedente.Como esa posibilidad no existe, en lugar de pelear con un fantasma, sigamos con el tema. Descartada la lista única y habida cuenta de que en los mentideros late fuerte una verdad sobre posibles acuerdos, veamos el escenario. En principio, no está mal que los dirigentes acuerden sobre cuestiones básicas que hacen al bien común. Es lo que nos ha faltado en general a los argentinos y nos separa de otros países. Lo que está mal, son los acuerdos dirigenciales anudados como canjes de mutua conveniencia partidista y siempre a costa del conjunto. Son los que sobran en Argentina.Por lo que ha trascendido, da la impresión de que el acuerdo que se gesta en Gualeguaychú, pertenece a la primera de esas categorías. Y no sólo no está mal, sino que aparece como un signo positivo de haber comprendido que esta no será una elección para despellejarse, ni una convención para enfrentarse, sino para entre todos buscar las normas adecuadas para la Municipalidad que queremos. En caso de acordar, no sería por lo antedicho una "lista única", sino en todo caso, una "lista de consenso". Sin embargo, no es lo mejor. Porque el hablar de "listas", denota que se ponen por delante las personas, o los personalismos, otro deporte nacional. ¿No sería mejor que en lugar de listas, se hablara de "propuestas de consenso"? Y si se compartiera este criterio ¿qué inconveniente habría en que cada partido adherente al núcleo de coincidencias concurriera con sus propios candidatos? Por lo demás, no es razonable, ni conveniente, ni democrático que el acuerdo comprenda la totalidad de la normativa a tratarse, como aconteció con la reforma de la Constitución Nacional en 1994. A nuestro criterio, es ese un ejemplo de la segunda categoría, en que se llegaron a canjear cláusulas constitucionales por asientos en la Corte Suprema.Entonces, bienvenido todo acuerdo que tienda a las cuestiones básicas que hacen al bien común municipal, sin perjuicio de un amplio debate, profundo estudio y participación de todos los sectores. Cada agrupación deberá concretar sus propuestas y estas serán el eje de la campaña, aspecto que ha estado casi ausente en las últimas elecciones. Si algún candidato a convencional aprovecha por ejemplo, para pegarle a Bahillo por el mal estado de las calles y veredas (que están horribles) seguramente será por no haber entendido a qué se presenta.Tampoco es cuestión de hacer una Carta Orgánica farragosa y recargada, como lamentablemente está de moda en constituciones y leyes. Poco, pero fundamental, bueno y claro. Se advierte que muchos se aprontan para pedir cosas a los convencionales como también ocurrió con la generosa constituyente de 2008, única con mesa de ofertas. Una buena Carta Orgánica debe estar por encima de todos los sectores y particularismos.No es necesario que los constituyentes sean notables, lo que suena a fuera de época. Tampoco irse al otro extremo y habilitar a quienes no están preparados, por exceso de democratismo. Terminan manipulados por sus asesores, con lo que deciden quienes no han sido votados.Y para estar preparado no se necesita ser abogado, sólo se requiere prudencia y sentido común. Permítasenos traer un ejemplo: Julio Ignacio Etchegoyen fue un concejal que sólo tenía título secundario. No obstante, muchos años después de terminado su mandato (1995), seguía siendo hombre de consulta en temas municipales, aún para los abogados. Aunque obviamente, no se concibe una convención sin la presencia de éstos y entre todos, deberán esmerarse para la calidad de estas normas, que no podrán luego retocarse fácilmente. No hay margen para que la Convención haga malas normas, como algunas de las actuales Ordenanzas Municipales, que frecuentemente son reformadas, emparchadas, excepcionadas y ajetreadas por nuestro Concejo Deliberante.Finalmente, y aunque el objeto de esta nota no es formular propuestas, deseamos resaltar que la C. O. nos da la oportunidad de incorporar algunas normas rectoras, a las que deberán adecuarse las ordenanzas y actos de gobierno. Una de ellas, es la que determine con toda precisión el tamaño de la planta de personal, que actualmente padece de una gran obesidad, por la gula de nuestros gobernantes a la hora de hacer nombramientos.Y una vez que se esa dimensión establezca, fijar los modos de volver a los límites que nunca debieron rebasarse, como por ejemplo, una congelación temporaria de vacantes que no pueda ser birlada por ningún "ingenioso" ni invento alguno, como los que hemos visto. Destacamos la importancia de una norma tal; si no se la incorpora, todo lo demás será letra muy linda, pero poco practicable con un presupuesto que insuma el 80% en sueldos.Finalmente, lo previo y fundamental: explicar con amplitud a la ciudadanía qué es, qué contiene y para qué sirve una buena Carta Orgánica. * Abogado y Periodista
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