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Llegó la hora: ¿Alberto será Alberto o será Cristina?

Llegó la hora. Se acabaron las especulaciones, los comentarios y los rumores. Empezaremos a ver las cartas de los jugadores y hasta dónde ‘hay equipo’ como no hace mucho prometió el que se va, y escasamente cumplió. Alberto Fernández se enfrentará a su realidad, al cabo, la de todos los argentinos.

Jorge Barroetaveña

El nuevo gobierno tendrá 21 ministros. En un delgado equilibrio entre kirchneristas, fernandistas y massistas se moverá la flamante gestión que tiene inmensos desafíos que enfrentar. Los hay políticos y económicos. Entre los primeros estará consolidar su propio liderazgo. La Argentina se asoma a una situación inédito entre su presidente y su vice, que no registra antecedentes históricos. El vice, o la vice, es quien tiene el poder real y que, por cuestiones estratégicas, decidió ‘delegarlo’ durante el proceso electoral, en su presidente. Aquella jugada de Cristina, la más brillante quizás desde que se dedicó a la política, le volvió a abrir las puertas del poder. Alberto lo sabe y es plenamente conciente del equilibrio que deberá buscar.

El lunes la zaranda del modo zen que deberá cultivar el nuevo gobierno fue fuerte. A sus anchas, y con la única ausencia de la cadena nacional, Cristina volvió a hacer de las suyas. En un alegato político frente a los jueces que la juzgan por el desvío de fondos de la obra pública, se mostró tal cual es, a pleno, sin dobleces ni ocultamientos. Durante más de tras horas le dio forma a su viejo discurso de la persecución política y no dejó títere con cabeza: Macri, los medios y la justicia. Cometió un desliz imperdonable que fue rozar la figura de su compañero de fórmula, al ‘recordar’ que fue su Jefe de Gabinete, igual que el camaleónico Sergio Massa. La tribuna kirchnerista, más los albertistas no se cansaron de repetir que la mención fue sin ninguna intención oscura. Pero, ¿era necesario hacerla? ¿Era necesario meter en el barro de un juicio penal al mismísimo Presidente de la República? La Cristina del reto a los camaristas fue impagable. Mientras uno se llevaba el vaso de agua a la boca para disimular el momento, lo otros miraban atónitos. En otras circunstancias y con otro imputado que los hubiera humillado de esa manera, ¿hubieran reaccionado igual? El miedo es una sensación de la que nadie se libra fácilmente y la impresión que dieron es esa: le tuvieron miedo.

Semejante espectáculo en tribunales no es un buen augurio para Alberto Fernández. Su alianza con Massa y los gobernadores pasó por varios sobresaltos en el armado del gabinete, a punto tal que debió escuchar reproches por su excesiva tendencia a darle poder al kirchnerismo. La influencia de Cristina será clave en organismos de peso como el PAMI, ANSES, la seguridad, el Banco Central, sin contar el manejo de ambas cámaras donde conducirá ambos bloques: uno con Máximo Kirchner y el otro con José Mayans. Tan lejos llegó que en la línea de sucesión presidencial también colocó gente de su confianza.

En ese juego de pinzas que ambos integrantes de la fórmula libran, Alberto mostrará una carta fuerte el martes: no habrá grandes nombres en su gabinete. Es probable que sea una de las enseñanzas de Néstor que apenas pudo ‘limpió’ de su gabinete a Roberto Lavagna, el único que podía hacerle algo de sombra. Y es también altamente probable que Alberto tenga gran injerencia en la economía, calcado a lo que hacía Néstor. Y sino pregunten por el famoso cuadernito que llevaba el santacruceño y no abandonaba jamás. En él llevaba hasta el último dato de las cuentas del estado y es justo admitirlo que llevó mucho mejor la economía que su propia esposa.

La intención adicional de Alberto es probable también que apunte a consolidar su propia figura y darle el volumen que hoy no tiene. Le guste o no deberá lidiar con la sombra de Cristina y cada cosa que haga o deje de hacer será medida en tanto y en cuanto ella. No será su voluntad, sino la del electorado que lo llevó hasta ese lugar por ella.

Por eso el experimento al que se asoma este período democrático tiene pocos antecedentes y es novedoso por donde se lo mire. Sería sencillo claro si todo fuera una cuestión política a dirimir. Está la economía, esperando al acecho, ansiosa por saber para dónde rumbearán las autoridades.

Mauricio Macri optó por no irse en silencio. Para eso volteó otra de sus promesas de campaña que era que nunca utilizaría la cadena nacional. Es paradójico y una buena muestra de hasta dónde fue mutando en su pensamiento. Cambió pero se acordó demasiado tarde. Para una democracia joven como la muestra, que un gobierno no peronista termine su mandato, no parece poco. Más con los antecedentes recientes. Pero suena a escaso, sobre todo a partir de las expectativas que había generado. Macri se va a caballo del 40% de los votos de un sector de la sociedad que lo votó contra viento y marea. Para muchos fue otra oportunidad perdida, para otros hizo lo que venía a hacer. La historia tendrá la última palabra, aunque bien vale la pena preguntarse si es la misma que ya absolvió a Cristina.

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