Lo que deprime a los jóvenes
Eso arrojan las estadísticas de la Fundación Mendizábal, una entidad sin fines de lucro creada en 1988, dedicada a la lucha contra la depresión.
Un relevamiento sobre 1.000 pacientes durante los últimos tres años determinó que ahora son cada vez más jóvenes los que piden ayuda o asistencia psicológica para salir de la depresión.
En la franja de edad de 18 a 30 años, el 55% de los cuales son varones, el principal motivo de consulta toca la economía. En efecto, la falta de trabajo (33%) y los despidos (32%), figuran al tope.
Le siguen: violencia laboral (15%), crisis vocacional en la elección de una carrera (10%), crisis de pareja (8%), no saben qué hacer de sus vidas (2%).
“La imposibilidad de combinar horarios para trabajar y estudiar, poder irse a vivir solos y tener espacios de ocio, son algunas de las cuestiones que empiezan a generar frustración en los jóvenes y terminan en cuadros depresivos”.
Eso dijo Eleonora Aserbi, psicóloga y coordinadora de la Fundación, al explicar la manera como el inestable contexto laboral hace mella en la psique de los jóvenes, quienes aparecen más castigados por la economía.
En Argentina no es fácil conseguir un empleo y que a la vez sea bueno. Hay que pensar que el 45% de la fuerza laboral del país está en negro, es decir en situación precaria, y esto afecta mayormente a los jóvenes.
“Con contratos temporales de tres o seis meses con bajos sueldos, los jóvenes se sienten descalificados; cumplen con obligaciones, no sienten placer por lo que hacen y les pesa”, reconoce el psiquiatra Roberto Carlos Rodríguez.
Pero además “la carga social de no poder independizarse económicamente para ir a vivir solos”, causa problemas físicos y psicológicos, explicó el especialista.
Y añadió: “Los jóvenes se sienten cada vez más exigidos y pasan muchas horas trabajando. Es un fenómeno mundial, que llamamos ‘trastorno adaptativo’: produce síntomas físicos como contracturas, cefaleas, mareos, dolor gástrico, ansiedad”.
Los expertos aseguran que si el trastorno se aborda rápidamente con un tratamiento psicoterapéutico, en muchos casos se evita la indicación de psicofármacos.
“En las terapias, también surgen crisis internas y mandatos familiares que no se pueden sostener”, reconoce Aserbi. Por otra parte, cada caso tiene sus propias peculiaridades y a veces debe ser analizado por un grupo de médicos y psicólogos.
En tanto, en la Fundación Mendizábal insisten con el hecho de que son cada vez más los jóvenes que piden ayuda por depresión, en el marco de una generación más conflictiva en lo emocional.
Dos décadas atrás, quienes más consultaban por este mal eran los adultos, de 35 años en adelante, y en su mayoría mujeres, según reconoce la entidad.
La falta de horizonte económico, por tanto, parece estar golpeando singularmente a grupo etario que busca por lógica proyectar su vida en la sociedad, lo que puede incluir la formación de una familia.
En este sentido, es perceptible una sensación de impotencia en jóvenes que buscan una base material para concretar sus aspiraciones. El país, por otro lado, ofrece un contexto errático.
Planificar en la Argentina –como el hecho normal de tomar un crédito por algunos años, para construirse una vivienda- es mala palabra. Los gobiernos colaboran para generar esta incertidumbre.
Nadie sabe lo que puede pasar mañana. Así es muy difícil que los jóvenes, sin chances para construir su futuro, puedan eludir la depresión.
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