Lo que hay detrás de la locura automovilística
Las muertes por accidentes de tránsito nos conmueven a todos. Aunque no debe perderse de vista que detrás de estos siniestros subyacen pautas sociales de comportamientos. El fallecimiento de Nicolás Bellolo, provocado por un accidente vial, ha reinstalado una problemática sensible, de la cual se hace eco un informe de este diario el domingo último.Allí se lee, por ejemplo, que en Gualeguaychú han muerto ya nueve personas por esta causa en lo que va del año. Y que hay una movida legislativa nacional dirigida a endurecer las penas a los infractores.Según la ONG Luchemos por la Vida, nuestro país tiene uno de los índices más altos de mortalidad por accidente de tránsito, considerando la relación que existe entre la cantidad de población y de vehículos en circulación.Se estima, así, que unas 22 personas mueren por día, lo que proyecta unos 8 mil muertos por año y más de 120 mil heridos. Es decir, se está frente a un fenómeno social dramático.Según los expertos, los accidentes fatales son debido a múltiples causas: imprudencia y/o impericia de los conductores, infraestructura vial insuficiente, y laxos controles del Estado.La presidenta de la Asociación Civil por Verdad y Justicia (Aciverjus), Fátima Pereyra, manifestó a este diario: "En este último tiempo se han incrementado los accidentes con víctimas fatales y la mayoría de ellos son por imprudencia, exceso de velocidad, conductores alcoholizados, los que no respetan las normas, por eso hablamos de siniestros viales evitables".De esta expresión se deduce que lo que está fallando es el factor humano. O en otros términos, que por debajo de las estadísticas subyace una cuestión de actitud de quienes conducenSi la imprudencia y el desconocimiento de la reglamentación de tránsito son señalados casi unánimemente por los expertos como la gran carencia que se refleja en las calles y rutas, estamos ante un dilema de carácter cultural.En este sentido, cabría formular esta hipótesis: se conduce como se vive, y se vive de acuerdo a los valores de una sociedad. Si una colectividad, por ejemplo, padece de "anomia", es decir poco apego a la ley, así de caótica será la circulación en calles y caminos.El violar las normas de tránsito es efecto de una relajación general de las normas de convivencia sociales. Para vivir y convivir se tornan necesarias renuncias a conductas primitivas. La civilización exige renuncias.El modo como se conduce un auto, una moto o una bicicleta está indicando un modo de transitar por la vida. El "vicio" de los conductores -por ejemplo esa actitud básica de desconsideración hacia el prójimo-, expresa un estado ético de la sociedad a la que pertenecen.Nos cuesta ver en el tránsito, en la sangría cotidiana de los accidentes viales, un síntoma de un estado de espíritu más general. Se podrá objetar que hoy esos accidentes son el precio del progreso técnico.Todos los medios de locomoción, se dirá, tienen sus peligros. Pero se trata de una explicación insuficiente, si se piensa que la mayoría de los choques fatales son debidos a la imprudencia de los conductores.Muchos de ellos parecen no hacerse cargo de las consecuencias de sus actos. ¿Acaso esto no refleja una huida de la responsabilidad, tan característica de una época en la que sólo se habla de reivindicaciones?¿Qué tan responsables nos sentimos al volante? ¿Somos conscientes de que manejar impone una serie de requisitos físicos y anímicos? ¿O circulamos con negligencia, y en muchos casos con omnipotencia narcisista, sin comprender que se asumen riesgos como la muerte, ya sea la de uno como la de otros?
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