Lo que moviliza hoy a los jóvenes
¿Qué obsesiona a los jóvenes de hoy? ¿Qué los motiva? ¿Quieren cambiar el mundo, como en los '70, o acomodarse a él? La pregunta acerca del deseo juvenil suele ser un tópico de discusión.La politóloga Sandra Cesilini, profesora además de la Universidad Nacional de San Martín (UNSAM), escribió un artículo en Clarín donde parece lamentarse de que los jóvenes de hoy no aspiren a un cambio revolucionario de la sociedad."Los jóvenes, con proyectos menos utópicos", titula el escrito en el cual comenta el resultado de algunas encuestas recientes sobre ese grupo etario. Un trabajo de FLACSO (2011), por ejemplo, le llamó la atención.Según explicó, las respuestas allí revelaban que las mujeres de familias de ingresos bajos no suscribían los actuales planteos de género (propios de grupos femeninos de ingresos altos).Son propensas, en este sentido, a aceptar valores tradiciones "que asignan el lugar de lo público y la racionalidad al varón, y el lugar de lo privado y lo emocional a la mujer".Paralelamente, los jóvenes varones que participan de estrategias de inclusión laboral a partir de pasantías, o de escuelas públicas, poseían también idéntico ideario conservador.Según Cesilini, en ellos "aparece un relato de futuro basado en sueños muy tradicionales: empleo, una casa, pareja e hijos".La politóloga toma partido: se queja del "retorno a una idea de felicidad de la casa al trabajo", de que el deseo generacional se circunscriba a "un trabajo estable, bien pago, con perspectiva de crecimiento económico y estabilidad y un hogar-refugio"."Esto es muy diferente a los '70, pero muy parecido al relato de la pos-segunda guerra", concluye la especialista, quien preferiría que los jóvenes de hoy comulgaran con el ideario de la revolución estudiantil del '68.La queja es muy parecida a la que algunos intelectuales de izquierda en Europa vienen realizando alrededor de los llamados "indignados". La reacción por parte de los perdedores del "ajuste neoliberal", resultaría decepcionante."Es una batalla sindical, no una reinvención de la sociedad -observó el periodista francés Alain Duhamel en Liberación-. Hay protesta, no utopía".¿Es cierto que los jóvenes actuales prefieren acomodarse al sistema en lugar de cambiarlo? ¿Son ellos los que, al querer un trabajo estable y bien pago, se convierten en garantes del statu quo?Si eso fuese cierto, aquí habría fallado otra vez la predicción marxista de una muerte violenta del capitalismo a manos de sus víctimas. Primero defeccionaron los proletarios, cuyo aburguesamiento los llevó a olvidarse de la revolución.La reticencia de la clase tradicionalmente considerada como revolucionaria per se, dio pie a la rebelión estudiantil del '68. Estos chicos -muchos de ellos hijos de clase media acomodada- retomaron la bandera de la crítica radical al sistema.Pero esa generación no se quejaba por falta de trabajo -triunfaba el modelo keynesiano de pleno empleo- sino por las condiciones "alienantes" de la sociedad de consumo.A juzgar por lo que dice la politóloga Cesilini, los sueños juveniles de hoy, paradójicamente proveniente de sectores sociales modestos, pasan por un empleo bien rentado. Un "empleo, una casa, pareja e hijos".Parece una aspiración módica, y por cierto bastante conservadora, comparada con aquella consigna setentista de "tomar el cielo por asalto". Aunque desde un planteo historicista siempre resulta una arrogancia pretender juzgar -determinar si están bien o mal- los deseos de una generación.
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