Lo que se gana y la clase social
En un país donde resulta vergonzante decir cuánto se gana, los ricos y los pobres tienden a identificarse con la clase media, a la que obviamente no pertenecen.Se diría que en uno y otro caso juega el disimulo. ¿Es el eterno antagonismo, que atraviesa lo argentino, de la "pose" con el ser real, según descubrió Ortega y Gasset?El filósofo español solía decir que el ser argentino se identifica místicamente con el personaje que ha elegido y se aleja de la orilla de su propio ser natural. Esta bipolaridad le sirve para huir de la realidad.La falsa conciencia con el dinero hace que los argentinos sean renuentes a la hora de hablar "a corazón abierto" sobre sus ingresos mensuales, según reconoce Nicolás Litvinoff.Este consultor económico esbozó las razones por las cuales, según él, se oculta lo que se gana, las cuales se refuerzan y complementan entre sí.Una se vincula con los impuestos: como es probable que muchos reciban una parte de los ingresos de la economía informal, conviene entonces ser reservados ante los inspectores fiscales.Después está la inseguridad. El miedo a robos, secuestros express, salideras y otras variantes delictivas puede hacer también que la gente se cuide más a la hora de decir lo que gana.Otra razón que da Litvinoff es que hay que callarse para evitar ser envidiado o simplemente para no hacer sentir mal a otra persona que gana menos, en un país donde la distribución del ingreso es una asignatura pendiente.Por otro lado, en Argentina es muy común afirmar que si alguien tiene dinero, seguro que es corrupto, traficante o que heredó bienes pero que no sabe hacer nada. ¿Quién quiere aparecer, entonces, como un cretino ante los demás?Además, está extendida la creencia de que la mayoría de los líderes políticos mienten a la hora de declarar sus ganancias. ¿Si los que tienen que dar el ejemplo mienten, entonces, por qué yo habría de decir la verdad?Por último, apunta el consultor, en la sociedad competitiva actual, la gente es más reacia a decir cuánto gana porque no quiere ser superada por otro que gane más.Estas son sólo algunas de las causas que pueden llevar a las mentiras y/o evasivas cotidianas frente a cada ocasión en la cual se hable de dinero e ingresos. Aunque a decir verdad se mezclan en ellas cuestiones culturales y otras que son inherentes a la naturaleza humana.En tanto Guillermo Oliveto, director de la consultora W, especializada en consumo, suele hablar de la distorsión acerca de la pertenencia de clase. Cuanta que las encuestas revelan, por ejemplo, que quienes son de clase alta no quieren reconocerse como tal, y se dicen así mismos que son de "clase media".Son los que tienen ingresos familiares que superan los 27.500 pesos, y abarcan el 7% de los hogares, o sea alrededor de 700.000 familias o 3 millones de personas. En realidad están en la cima de la pirámide social.En sentido inverso, aclara Oliveto, hay una gran cantidad de personas pauperizadas que se asumen también de clase media. Conclusión: ni ricos ni pobres se asumen como tales, y prefieren aparentar lo que no son.Unos ocultan su fortuna y otros su miseria. Los primeros se esforzarían por blindarse socialmente ante la imputación de que son deshonestos, y no querrían proyectar la imagen de que viven lujosamente mientras el grueso de la población gasta lo necesario.Los segundos, en tanto, no querrían aparecer menos que el resto y desearían que se los vea en el pelotón de los que están en carrera por su progreso, en el país que aspira a la "movilidad social ascendente".
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