Los accidentes viales y el desprecio de la vida
La escandalosa cantidad de accidentes de tránsito en Argentina -con su secuela de muertes y de personas que quedan con una discapacidad permanente- es un síntoma de la pérdida de valor de la vida humana entre nosotros.Al comenzar 2014 los diarios nos anotician de los trágicos episodios en las rutas, una triste realidad que se repite, pese a que en el país existe una ley de tránsito exigente que, a la luz de los hechos, no se respeta de ninguna manera.Según la Asociación Luchemos por la Vida en Argentina se mueren diariamente 22 personas en las rutas y caminos. La inseguridad vial, así, se suma a la inseguridad producto de la criminalidad.Pero con una salvedad: las estadísticas muestran que en el país muere más gente producto de accidentes de tránsito que ha raíz de hechos delictivos.Se trata de una realidad que en el fondo cuestiona algo más importante: hasta qué punto importa la vida humana en una sociedad que se declara, en los papeles, civilizada y madura.El hecho de no respetar las señales de tránsito -una de las causas de las tragedias en las rutas- revela que los argentinos tenemos un problema con la norma. Como si la ley no existiese para cuidarnos sino para embromarnos la vida.En muchos casos no se cumplen las indicaciones primarias; a saber: no consumir alcohol si se va a manejar, colocarse el cinturón de seguridad, controlar el vehículo antes de salir a la ruta, o no sobrepasar la velocidad indicada.Pero a la estadística de muertos en accidentes de tránsito hay que sumarle el otro costo humano: los heridos de gravedad, que muchas veces mueren a los pocos días de los siniestros.Estos decesos no son registrados luego como víctimas de la inseguridad vial. Pero además muchas personas que salvan sus vidas en estos episodios quedan con alguna discapacidad permanente, de carácter físico o psíquico, y hasta llegan a perder sus empleos.El tránsito también refleja la conducta agresiva de una sociedad que no puede exorcizar la violencia, convertida en un mal transversal en Argentina. Las encuestas revelan, a propósito, que los argentinos somos cada vez más agresivos al volante.Esto se echa de ver, sobre todo, en los grandes conglomerados urbanos. Un estudio de la Asociación Luchemos por la Vida realizado en la Ciudad de Buenos Aires, mostró que la mayoría de los encuestados reconoció que insulta y gesticula cuando otro conductor lo molesta con sus maniobras.El 42%, en tanto, dijo que devuelve las agresiones verbales y gestuales que recibe. Además, el 53% admitió que le toca la bocina al conductor que lo molesta en el camino."El 9% de los varones admitió haberse agarrado a trompadas por un problema de tránsito, lo cual es un porcentaje altísimo", reconoció Alberto Silvera, presidente de Luchemos por la Vida.Pero la agresividad no está solamente en la persona que se baja del vehículo y se va a las manos con otro. También se ve en el que insulta, en el que se pega con al auto desde atrás para ejercer presión, o en el que prende las luces para que le dejen paso.Se revela en distintas actitudes al volante, como no respetar el lugar del otro ni sus derechos, y querer imponerse en la calle, haciendo alarde de prepotencia.La falta de consideración hacia el otro se expresa, además, en que la Argentina es uno de los pocos países en el mundo en que los peatones tienen que pararse para darle prioridad a los vehículos y no al revés.
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