Los accidentes viales y la idea de libertad
Argentina se sitúa en los primeros lugares en los rankings mundiales sobre muertes en accidentes de tránsito. Entre las causas de las tragedias viales está el escaso apego a las normas de tránsito y, por tanto, una idea equivocada de la libertad.Según la organización no gubernamental Luchemos por la Vida, el número de personas fallecidas en accidentes de tránsito durante el año pasado asciende a 7.485, lo que significa un promedio diario de 21 muertos.Aunque el número es levemente inferior al de 2001, cuando fallecieron 7.517 personas, y es apenas menor al promedio de víctimas de los últimos diez años (2002-2011), que ascendió a 7.506 por año, la cantidad de víctimas en 2012 sigue siendo elevada.De hecho, proporcionalmente, el país ostenta uno de los mayores índices de mortandad a nivel mundial. Y esto pese a la extensión de las campañas de educación vial y de las supuestas mejoras en las carreteras.Las estadísticas de Luchemos por la Vida tienen una característica: toman en consideración no sólo los fallecidos en el momento del accidente (que es la base de los números de los organismos oficiales) sino los decesos que se producen hasta un mes después, allí donde estuvieron internadas las víctimas.Los accidentes viales son más letales que el cáncer en el mundo, según estadísticas de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Y dejan un saldo dramático de víctimas, en términos de familias destruidas y de gente que queda definitivamente discapacitada.Lo cierto es que en Argentina el número de víctimas en accidentes viales, que prácticamente no disminuyó en una década, coexiste con una ley de tránsito modelo, según la opinión de muchos expertos.Por lo visto la presencia de la legislación no logra los efectos esperados, en el sentido de bajar los índices de siniestralidad. Cabría postular, al respecto, que el tránsito es un reflejo de una de una patología social argentina: la anomia. No cumplir con la ley se ha convertido, en efecto, en una cultura fuertemente arraigada entre nosotros.Es posible rastrar aquí un equivocado concepto de la libertad. ¿Acaso cada uno puede hacer lo que quiere al volante? El "todo vale", es decir la idea de que uno puede hacer lo que le place, parte del supuesto que no hay límites a la voluntad particular.La libertad es una de esas cosas sobre las que todo el mundo está de acuerdo. Sin embargo, no todo el mundo la entiende igual. Una de las acepciones -la más común-ve la libertad como una ausencia de restricciones externas o de coerción.Es decir, somos libres en la medida que no existan obstáculos que nos impidan hacer lo que queramos. En los tratados de moral social, se llama a esto "libertad negativa".Pero al ejercer la libertad, es inevitable que topemos con la libertad del otro. Existe, como postuló John Stuart Mill, "el principio del perjuicio", según el cual cada individuo tiene el derecho de actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tal acción no dañe a otros.En otros términos, la vida en sociedad requiere algún grado de compromiso con la ley. La libertad ilimitada no existe cuando uno circula por una ruta o camino. Uno debe ajustarse a las normas de tránsito.Cuando se infringe esa norma -yendo a velocidades prohibidas o alcoholizado- se agrede violentamente el derecho de otros, poniendo en riesgo su integridad física, e impidiendo así que el prójimo pueda disfrutar también de la libertad.
ESTE CONTENIDO COMPLETO ES SOLO PARA SUSCRIPTORES
ACCEDÉ A ESTE Y A TODOS LOS CONTENIDOS EXCLUSIVOSSuscribite y empezá a disfrutar de todos los beneficios
Este contenido no está abierto a comentarios

