LOS SINIESTROS Y FALLECIMIENTOS SE SIGUEN ACUMULANDO
Los accidentes y muertes en Ruta 20 como muestra de la falta de una obra integral
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Trágicas muertes, despistes, autos dañados, puentes rotos en sus cabeceras, ausencias de banquinas en buen estado, falta de demarcación, velocidad, maniobras imprudentes y sin señal telefónica ante emergencias: el combo sumamente peligroso de una ruta que pide urgente la respuesta del estado.
Por Juan Fernández
La Ruta Provincial N° 20 tiene un tráfico muy fluido de vehículos a diario: circulan autos, camiones del orden nacional e internacional, maquinarias de la producción y hasta motos. Sin embargo nos acostumbramos al estado de abandono en la mayoría de su tramo. Tal es así que tomamos como normal que camiones deban cambiarse de carril en los puentes para sortear las deformaciones en las cabeceras.
Vemos casi como una foto diaria a autos detenidos a un costado poniendo ruedas de auxilio porque por un bache que no se llegó a esquivar a tiempo se rompieron cubiertas y llantas. Tampoco nos es extraño ver despistes, sobre todo en días de lluvias, motivados por los espejos de agua en la calzada que en muchos trayectos está deformada.
Cuando nos invade la tragedia, reaccionamos, reclamamos y pedimos soluciones que en su mayoría no son escuchadas. Y la ruta sigue igual, al acecho de destrozar otra familia y allí vuelven los títulos de las páginas policiales.
También es cierto que los conductores debemos hacer un mea culpa y dejar de cometer maniobras imprudentes, sobrepasos indebidos y velocidad por encima de las máximas permitidas. Pero quedarnos solo con la foto de lo mal que manejamos y nos respetamos en las rutas, es solo mirar una parte de una película que en realidad es mucho más tenebrosa.
Los registros oficiales llevan estadística de cantidad de muertes o heridos graves, pero allí no se reflejan los despistes o las intervenciones que se dan de las aseguradoras por daños al rodado que se producen por el mal estado de una ruta que no tiene una urgente repavimentación.
Hasta aquí, lo que se ha destinado son dineros para una “rehabilitación” en el tramo de 9 kilómetros entre la ruta provincial Nº39 hacia Arroyo Malo, donde se ejecutó el frezado, bacheo, repavimentación y señalización horizontal, trabajos que finalizaron a fines de 2019.
Sin embargo, a pesar de que hubo una pandemia en el medio que disminuyó mucho el tránsito, ese tramo ya tiene nuevamente baches y deformaciones dejando al desnudo que no eran los trabajos de fondo que se necesitaban.
Además hubo otras intervenciones a la altura del puente El Gato, en zona de Aldea San Antonio, y la reparación de algunos guardarraíles, pero nunca se llegó a la demarcación total del tramo que va desde Basavilbaso a Gualeguaychú.
Evidentemente, lo que necesita la Ruta es una intervención integral, que garantice la seguridad vial de los conductores, con una repavimentación total en los 93 kilómetros que separan Gualeguaychú de Basavilbaso.
De esta manera tal vez se logre reducir el riesgo de muertes que tienen nombre y apellido, como el de los hermanos Pintos, de 15 y 13 años, fallecidos en el verano de 2019, cuando por ausencia de banquinas seguras transitaban con su moto por la cinta asfáltica y fueron impactados desde atrás por un auto en la oscuridad de la noche.
O la trágica muerte de la maestra jardinera de 35 años, Carla Orue, quien regresaba a Buenos Aires con su marido. El conductor perdió el control del rodado en un día de lluvias, en un sector donde se junta agua, en el kilómetro 50 de la Ruta 20, cerca de Urdinarrain, y quedaron literalmente colgados de un puente.
Más atrás en el tiempo, en 2013, un choque frontal con cinco víctimas fatales a la altura de Rincón del Gato. Las víctimas, la familia Protzman, entre ellas un niño de 10 años, viajaban desde Gualeguaychú hasta su domicilio en el kilómetro 23, pero a la altura de la Capilla de Veronesi, el conductor del Renault Clio pisó una deformidad de la calzada y embistió a un ómnibus que transitaba en sentido contrario en un tramo que –al cumplirse 10 años del más trágico accidente que se recuerde–, sigue exactamente igual: con enormes deformaciones, grietas y baches remendados.
La reciente trágica muerte de la joven de Gualeguaychú, Brenda Rojas, en el kilómetro 60 donde el vehículo en el que se conducía se cruzó de carril en medio de una espesa niebla, en una ruta con escasa demarcación, reavivó el debate y vuelven los reclamos.
Tal vez sea hora de que alguien se haga cargo de tanto dolor y desidia en una de las peores rutas de la provincia.
