Los adolescentes y el modelo Peter Pan
Las circunstancias o el contorno vital de una época condicionan el carácter humano. En este sentido, hay indicios que hacen posible caracterizar el estado psicológico constitutivo del adolescente medio de la posmodernidad.No solamente la historia es producto del hombre, de su dinamismo intrínseco, sino que también el hombre es producto de la historia. De forma tal que su individualidad, sus deseos e ideales, son forjados por el contexto."Ser del tiempo", significa justamente aceptar que la circunstancia o mundo nos constituye. Las ciencias humanas han hecho esfuerzos por catalogar la clave psicológica de las distintas épocas.Ha sido insuperable, por ejemplo, la descripción del burgués como tipo humano específico del capitalismo primitivo, realizada por Max Weber, quien sabía captar la interacción íntima entre individuo y sociedad.Desde hace un tiempo los psicólogos discuten sobre los cambios en la adolescencia en el marco de la posmodernidad. Sospechan que hay un nuevo tipo, como corolario de un cambio radical del entorno socio-existencial."El eterno encanto de ser adolescente", el artículo de Alejandra Folgrait, aparecido en La Nación, da una pista. Allí distintos especialistas coinciden en que este ciclo de la vida, visto como una transición hacia la adultez, se ha estirado notablemente.Al menos hasta la década del '70, la adolescencia seguía a un estado post-puberal, hacia los 15-16 años, y se terminaba bastante rápidamente, hacia los 20-21 años.A esa edad los jóvenes lograban un empleo, se casaban y experimentaban la paternidad. Hoy se habla de una nueva etapa vital del desarrollo humano, toda vez que se toman los 29 o 30 años como límite de la juventud (y a veces hasta los 40).Los expertos proponen una nueva categoría, la "adultez emergente", para definir a quienes todavía se resisten a entrar en la adultez. Algunos rasgos de estos adolescentes tardíos es que viven en casa de sus padres, y son poco afectos a los compromisos representados por el matrimonio y los hijos.A los jóvenes posmodernos, como rasgo genérico, se los ve como émulos de Peter Pan, que es el nombre del personaje ficticio creado por el escritor escocés James Matthew Barrie.En el cuento, Peter es representado como un niño pequeño que rehúsa crecer y que convive con otros niños de su edad en el País de Nunca Jamás. Una exégesis de la historia nos sitúa ante la problemática de alguien que quiere ser siempre niño para evitar las responsabilidades de la adultez.De hecho, la psiquiatría hace tiempo ha acuñado el "síndrome de Peter Pan" para describir a un adulto temeroso de sus obligaciones y que se niega a actuar de acuerdo a su edad.Es llamativa la relación de este personaje de ficción con Michael Jackson, un cantante del pop fallecido en forma temprana, y acaso un símbolo posmoderno. "Yo soy Peter Pan, no quiero crecer", se autodeclaró alguna vez Jackson, quien llamó a la mansión dónde vivía Neverland (País de Nunca Jamás), un sitio repleto de juegos.Está claro que se trata de catalogar en rasgos globales al adolescente medio, con los riesgos que suponen las generalidades de este cuño, que siempre obvian las decisiones individuales y a veces las condiciones distintas según los países.Como sea, algunos se atreven a la comparación con adolescentes de otra época. Se dice, por ejemplo, que hoy son más individualistas, más prácticos y menos idealistas.Todo lo contrario de la generación rebelde que en 1968 desafió políticamente al sistema, y que según la interpretación canónica quería escapar de las trampas materialistas de la sociedad de consumo, levantando la bandera de la utopía social.¿Son acaso los jóvenes de hoy cínicos, indolentes, conformistas e interesados? Quizá haya que tomar con pinzas estas teorizaciones, las cuales pueden esconder la típica visión negativa de los adultos sobre los jóvenes.
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