Los de afuera y los de adentro
Las características de la sociedad contemporánea son la interdependencia y la interconexión. Sin embargo, los emigrantes y refugiados plantean serios desafíos a la llamada "aldea global".Las viejas fronteras no son lo que eran: grandes murallas para restringir la circulación de personas. Las soberanías locales territoriales, que separaban a "nosotros" de "ellos", se han venido licuando al calor de un mundo en rápida globalización.Como sea, la situación planetaria actual no es tan clara como parece. Aunque el orden del Estado-nación, con base territorial, no tiene el poder operativo de antes, no ha desaparecido del todo.Las soberanías montadas sobre identidades étnicas -bases de la ideología nacionalista- se resisten a desaparecer ante la fuerza de la globalización, afín al multiculturalismo inherente al fenómeno de la migración.El filósofo Zygmunt Bauman, que acuñó el concepto de "modernidad líquida", al hablar justamente del predominio de relaciones sociales globales que discurren con fluidez, ha venido advirtiendo que el desafío del Siglo XXI es cómo garantizar la convivencia de los "diferentes".En concreto, cuál será la suerte de los "residuos humanos" de la globalización: emigrantes, refugiados y parias. Estados Unidos, por caso, un país fundado por inmigrantes, está debatiendo qué hacer con los extranjeros atraídos por el "sueño americano".La inmigración ilegal a Estados Unidos es de escala masiva. Más de 10 millones de extranjeros indocumentados residen actualmente en Estados Unidos y esa población crece en razón de 700 mil personas anualmente.El presidente Barack Obama acaba de presentar un proyecto de ley de reforma migratoria que será debatido por el Congreso. Al hacerlo usó como ejemplo el caso de un joven argentino indocumentado, Diego Sánchez, que es presidente del cuerpo estudiantil y Alumno del Año de la Universidad de Saint Thomas en donde recientemente se graduó.La inmigración en Estados Unidos despierta resquemores de todo tipo. "¿Quiénes somos? Los desafíos a la identidad nacional estadounidense", el libro del conocido politólogo Samuel P. Huntington, verbaliza el temor a la "amenaza mexicana".Situado en la herencia cultural aglo-protestante, Huntington sostiene que los mejicanos que viven en el país no quieren asimilarse a la cultura vernácula, y contagian esa conducta al resto de los hispanoamericanos."A medida que su número aumenta, los mexicanoamericanos se sienten cada vez mas cómodos con su propia cultura y, en muchos casos, mas desdeñosos hacia la cultura estadounidense", sostiene."Su número les da fuerza y las generaciones mas jóvenes crecen sintiendo un mayor orgullo étnico", refiere Huntington, quien de esta manera sintetiza el pensamiento de buena parte de la población blanca protestante nativa.Según su diagnóstico, esto hace que dentro de Estados Unidos esté creciendo otra realidad humana. "La continuidad de los elevados niveles de inmigración mexicana e hispana en general unida a las bajas tasas de asimilación de dichos inmigrantes a la sociedad y cultura americanas podrán acabar por transformar Estados Unidos en un país de dos lenguas, dos culturas y dos pueblos", alerta.Lo que ocurre en Estados Unidos también se repite en Europa, donde el tema inmigración se ha convertido en un problema de fondo, al punto de despertar sentimientos xenófobos y racistas.De esta manera se divide el espacio en un "adentro" y un "afuera", una separación que puede llevar aparejado un peligroso antagonismo entre grupos humanos.
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