Los argentinos y el descreimiento
Quizá más grave que la sospechosa muerte del fiscal Alberto Nisman sea que la mayoría de los argentinos no crea que la justicia del país vaya a resolver el caso, según revelan algunas mediciones de opinión pública. El 70% cree que el hecho "quedará impune", según la encuesta de alcance nacional realizada por la empresa Management & Fit (M&F). Por otro lado, la mayoría de los consultados desconfió de las instituciones que deberían investigar qué sucedió con Nisman.Un 60,1% de las respuestas, en efecto, fueron negativas cuando se consultó si la investigación del caso sería "transparente".Este tipo de mediciones parecen confirmar la idea de que los argentinos son descreídos casi por naturaleza, en relación a todo lo que tenga que ver con lo "público".Estos días el sociólogo Marcos Novaro, al reflexionar sobre la "naturalización" criolla de los fenómenos de corrupción, los abuso de poder y desmadres institucionales, hizo una descripción descarnada."La mayor parte de los argentinos -escribió- asume que 'todos roban' y todos violan la ley cuando les conviene, y aunque eso puede no gustarles, dado que 'no tiene arreglo' no está entre sus prioridades que alguien intente cambiarlo".La corrupción y la ineficiencia de las instituciones del Estado generan impunidad y lesionan la credibilidad y la confianza ciudadana. Impunidad, del vocablo "impunitas", es un término que refiere a la falta de castigo.En Argentina ha habido reformulaciones del concepto. Como la que dio alguna vez el polémico empresario Alfredo Yabrán. Cuando se le preguntó qué era para él el poder, con sinceridad brutal respondió: "Para mí el poder es impunidad".Hay quienes piensan que el rasgo saliente de los argentinos es su recelo y desconfianza hacia el gobierno y las instituciones del Estado. Esto se echa de ver en otros ámbitos de la realidad.Por ejemplo, los argentinos no creen en la propia moneda (emitida por el gobierno) como refugio de ahorro y consideran que el dólar (emitido por un país extranjero) es la divisa fuerte en la cual confiar.Por lo demás, se sabe que la policía y los tribunales penales desempeñan una importante función dentro de la sociedad. Los ciudadanos delegan el ejercicio de las funciones de disuasión y justicia en estas instituciones.Sin embargo, en estas pampas buena parte de la sociedad no cree que estos organismos actúen de forma competente, garanticen un procedimiento justo y proporcionen igual justicia y protección a toda la sociedad.Es llamativo que este descreimiento radical hacia la autoridad y la ley sea la filosofía del gaucho Martín Fierro, la creación de José Hernández en el siglo XIX, y que quedó consagrado como el arquetipo de nuestro "ser nacional".Allí se exalta la imagen del gaucho errabundo, libre y perseguido por los tribunales y el gobierno, considerados estos últimos motores de la injusticia.De hecho esta imagen fue la que proyectaron los viajeros que recorrieron el país por entonces, como el naturalista Charles Darwin, quien estuvo seis meses en 1833.En su diario escribió: "En la Sala de Buenos Aires no creo que haya seis hombres cuya honestidad y principios pudiesen ser de confiar. Todo funcionario público es sobornable. El jefe de Correos vende moneda falsificada. El gobernador y el primer ministro saquean abiertamente las arcas públicas. No se puede esperar justicia si hay oro de por medio".
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