Los argentinos y el fetiche tecnológico
El gusto de los argentinos por las nuevas tecnologías es conocido. Se echa de ver en las estadísticas de consumo internacionales. Claramente, hay una pasión nacional por estos chiches de la ciencia. Acaso la tendencia empalme con ese rasgo muy argentino de amor por la novedad. Nos gusta lo nuevo en los distintos planos: sociales y culturales. Ideológicamente, incluso, somos afectos al sincretismo, la mezcla.Habrá que convenir, por otra parte, que esto de gratificarse con aparatos tecnológicos, como celulares, computadores, cámaras digitales y demás, es un síntoma de la posmodernidad.Una especie de hedonismo tecnológico aqueja a la época contemporánea, confirmando la profecía del canadiense Marshall McLuhan, quien décadas atrás comprendió cabalmente la revolución que se estaba gestando.El autor de la expresión "el medio es el mensaje" nos vino a decir que las diferentes tecnologías (la oralidad, lo escrito, la televisión, la informática, etc.) determinan la manera que el hombre concibe el mundo y lo social.McLuhan, en realidad, era un abanderado del determinismo tecnológico. Afirmaba que los cambios en este campo eran la causa eficiente del desarrollo histórico -así como Marx decía que lo era la lucha de clases-.Todos los medios nos vapulean minuciosamente, no dejan parte alguna de nuestra persona intacta, decía el canadiense. Y esto porque, según su teoría, todos los medios son prolongaciones de alguna facultad humana, psíquica o física.Así la rueda es extensión de los pies, la cámara es una prolongación del ojo, y la ropa, una prolongación de la piel. Se podría decir, en un sentido, que los argentinos profesamos la fe de McLuhan en los adelantos tecnológicos aplicados a la comunicación.En proporción con otros países latinoamericanos, Argentina exhibe uno de los más altos niveles de conexión con Internet. Por otro lado, el 71,5% de la población tiene teléfono celular.De las estadísticas se desprende, además, que los argentinos que tienen ingresos más bajos no se privan de los chiches tecnológicos. Participan del fenómeno de la hiperconectividad.La tecnología está transformando aceleradamente los hábitos de la sociedad argentina, y también su modo de ver el mundo, desde una lógica transversal que desafía los estratos sociales, según el tópico clásico de la sociología.De hecho, dado el resultado de la última compulsa electoral, algunos ideólogos de tradición marxista, analizaron el voto de los argentinos en clave posmoderna."Es el fin de la política", dicen, culpando a los medios por el hecho de que, según ellos, se votaron candidatos mediáticos. El programa Gran Cuñado, conducido por Marcelo Tinelli, sería el emblema de este fenómeno.El llamado "hombre virtual", producto de la hiperconexión tecnológica, es un tipo humano dominante. Y en el caso de Argentina sería una variante exacerbada.Algunos indican que este gusto argentino por las tecnologías -en un país con el 40% de la población con necesidades básicas insatisfechas- no deja de tener cierta morbosidad.Explican esta atracción a través del concepto de fetichización. Los fetiches se relacionan con las religiones tribales. El nombre remite a ciertos objetos considerados divinos, los cuales a menudo se utilizan como instrumentos de magia.El término, por tanto, puede ser aplicado a los objetos que devienen en ídolos. Los aparatos tecnológicos, por tanto, harían las veces de fetiches mágicos para los argentinos.Participar de la revolución tecnológica, por otra parte, es como comulgar con el espíritu de la época. Una época que ha sucumbido a la fascinación virtual.
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