Los cambios humanos y los perfiles urbanos
Si es cierto que las residencias particulares de las personas reflejan su estilo de vida, esto se ve mejor cuando se analiza globalmente el perfil de una ciudad, o el tipo de construcción que en ella domina.En Capital Federal, por ejemplo, reinan los departamentos y se borran las casas porque hay más solos y las familias son más chicas. Sin desmerecer la incidencia de otros factores en juego -como el costo del metro cuadrado- el factor humano es decisivo.Según la Encuesta Anual de Hogares 2009 de la Capital, el 78% vive en casas de menos de tres personas. Al mismo tiempo la tendencia constructiva indica que se hacen departamentos cada vez más pequeños.Pero esto es reflejo, según los expertos, de transformaciones a nivel demográfico, relativas al envejecimiento poblacional, la adopción de un estilo de vida más solitario, y la imposición de un modelo de familia con un solo hijo, entre otros fenómenos.Vistos desde otro ángulo, estos cambios societarios son productos típicos de la sociedad opulenta que vive en las grandes metrópolis, y participa de valores posmodernos globales, alrededor de los cuales se redefinen los vínculos humanos.Todo esto impacta luego en el desarrollo urbanístico, económico y comercial de los barrios. Las estadísticas muestran que los que viven solos ocupan el 28,9% de los hogares porteños.En tanto, los que viven "de a dos" son mayoría: ocupan el 30% de los hogares de Capital. Por su parte, las familias de tres integrantes ocupan el 18% de las residencias."No es de extrañar que la importancia de los hogares de mayor tamaño esté relacionada con la mayor fecundidad de las mujeres, que ocurre en el sur de la Ciudad, o con problemas económicos que implican la postergación de la salida del hogar paterno de los jóvenes, o la vuelta luego de haber partido", explicó a Clarín Victoria Mazzeo, jefa del departamento de Análisis Demográfico de la Dirección General de Estadística y Censos porteña.En cuanto a los "hogares pequeños" hay tres grupos diferenciados. "En particular la convergencia entre el aumento de los hogares unipersonales -que se relaciona con el incremento en la esperanza de vida pero también de la tasa de separación de las parejas-, y el crecimiento de hogares con menos de tres miembros, donde influye la disminución de la fecundidad en la Ciudad y el corrimiento hacia arriba de la edad del matrimonio, especialmente de las mujeres", analizó José Donati, Director General de Estadística y Censos del Ministerio de Hacienda porteño.El envejecimiento poblacional también incide. "Muchas sociedades actuales, como en el occidente de Europa y algunos lugares de Asia, cuentan con poblaciones envejecidas y tasas de fecundidad por debajo del nivel de reemplazo generacional", sostuvo por su lado el analista demográfico Julián Govea.Y esto tiene que ver, también, con el fenómeno de la opulencia. Hay que pensar que en la ciudad de Buenos Aire vive gente que pertenece a los sectores medios y medios altos, con un buen nivel educacional y ocupacional, donde la esperanza de vida es mayor y donde prima la tendencia a tener menos hijos.Como se ve, las ciudades son espejos de la sociedad. En este sentido, es factible comprobar que donde hay exclusión social -un fenómeno menos morboso en Capital- se verifica segregación urbana y espacial.Una sociedad muy estratificada, con distribución de renta desigual, que convive con pobreza extrema, impacta en el espacio. Eso significa que el problema urbano no se puede aislar del contexto más amplio de los modos de desarrollo social y económico.
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