Los desafíos locales ante otro test turístico
Lo ideal es que Gualeguaychú aproveche esta temporada turística, que pinta muy buena. Ello implica no sólo que los prestadores ofrezcan lo mejor, sino que la ciudad en su conjunto no defraude a los visitantes. Parece una verdad de Perogrullo, pero cabe insistir que el abecé de una plaza turística que se precie de tal, es que cuando lleguen los forasteros, éstos reciban una atención acorde a sus expectativas.Acaso la expresión de que "hay que vivir para el turista y no del turista" sintetice en esencia de lo que se quiere expresar. Porque pocas actividades son tan sensibles al trato como el turismo.En este sentido, más allá de los réditos que pueda cosechar una temporada, se podría decir que el éxito de la misma se mide por el deseo que le queda al turista de volver a visitar la ciudad.Y en nuestro caso no sólo por el Carnaval o las playas, por las bondades de nuestra naturaleza, sino por la calidez en la atención humana que haya recibido de los residentes, que hacen las veces de anfitriones.Hay un desafío crucial en este punto: lo que hace la diferencia con respecto a otros destinos y prestadores rivales, es la destreza en conectar creativamente con los intereses de los visitantes, quienes deben sentirse en su propia casa.Y la gestión de la temporada -si se puede hablar en estos términos- no es responsabilidad exclusiva del municipio o de los prestadores turísticos específicamente, más allá de su importancia relevante.Aquí se juega además todo el recurso humano de una ciudad. ¿En qué medida los gualeguaychuenses, que invitamos a que nos visiten, somos buenos hospedadores?Cuando se habla de no defraudar la expectativa de quienes han elegido visitarnos, cuando se menciona que no hay que vivir del turista, se quiere decir también hay que moderar los precios de los bienes y servicios que se ofrecen.En este sentido, lo peor que le puede pasar a una plaza turística es que la tilden de "cara". Es decir que exija a los turistas un pago excesivo por un bien o servicio que no lo vale.En turismo algo es caro cuando el consumidor sintió que lo han estafado, cuando no encontró la satisfacción esperada por la compra que hizo, cuando no halla justificativo por el dinero que gastó finalmente.Sentirse esquilmado o despojado es un sentimiento más que desagradable. Y nadie en su sano juicio - a menos que sea masoquista- se expone otra vez a sufrir esa mala experiencia.¿Quién querrá volver luego a una ciudad donde ha sufrido un asalto a su bolsillo? Hay otros desafíos que hacen que una ciudad turística sea acogedora. Uno es la seguridad y otro la higiene.Es importante que las autoridades sobre todo garanticen una ciudad ordenada, tranquila y segura. Un turismo masivo, como el que recibe Gualeguaychú en verano, se presta a desbordes de todo tipo, al tiempo que se sabe que la Capital del Carnaval se suele poner en la mira del llamado "turismo delictivo".Con respecto a la higiene, se ha dicho no sin razón que la mejor ciudad en este sentido no es la que más se limpia sino la que menos se ensucia.En suma, cada verano conlleva aparejado retos importantes, toda vez que la ciudad se expone al juicio y a la consideración del turista. La imagen de la "gallina de los huevos de oro" es pertinente.Se trata de no "desplumar" a esta industria sin chimeneas que tiene una gran capacidad para dinamizar la economía local. Tenemos que pensar que detrás del turismo, hay trabajo y empleo para preservar.Es bueno tener presente a esta actividad como motor clave del bienestar de la sociedad nativa.
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