Los destructores no se toman vacaciones
Cuando éramos niños la prodigia naturaleza parecía inagotable y el límite eran las técnicas necesarias para extraerle sus tesoros, y como la tecnología se trataba de eso, de nuevas y mejores técnicas, los abastecimientos del mañana se nos representaban como asegurados. Fundavida En aquel entonces, el universo cotidiano que habitábamos se percibía bastante más previsible que el actual. El destino personal parecía más accesible y el esfuerzo individual era la única condición para alcanzarlo.El progreso era una ilusión venturosa que nos auguraba a todos un futuro de confort y placeres inimaginables, que nos llenaba de expectativas y ansiedad por alcanzarlo.Y los paradigmas sociales vigentes nos convencían que los siempre renovados objetos de consumo eran las metas a lograr para llegar a la tan ansiada felicidad.Todo iba mejor tomando coca cola, los dolores de cabeza se aventaban con un geniol, y bastaba fumar marlboros para lograr instantáneamente la indómita y recia personalidad de los vaqueros del oeste norteamericano que cabalgando desbocados corceles desvelaban nuestras siestas de domingo en el Cine Palma ó en el Cine Teatro Gualeguaychú.Para colmo de ventajas, uno tenía re claro quiénes eran los buenos y quiénes eran los malos, el mismo cine, didácticamente nos ilustraba al respecto.Los buenos eran los rubios de ojos celestes y las buenas eran siempre blondas voluptuosas o morenas de ojos verdes que terminaban unidas en prudente y consagrado matrimonio con los rubios de ojos celestes.Los malos en cambio tenían siempre tonos raros en la piel: negros y mulatos, los hijos de esclavos, morenos variopintos los latinos, orientales de piel amarilla, pertenecientes a varias culturas provenientes de esos rumbos y los aborígenes, en el norte, de piel roja.Y listo, se acababan los problemas, los buenos mataban o ponían presos a los malos y al final de las películas siempre, pero siempre, el bien triunfaba sobre el mal.Todo era claro, la vida mirada con la perspectiva infinita de los niños de aquel entonces, era casi siempre una historia con casi seguro final feliz, al que solo había que esperar, trabajando duramente para lograr las metas.Los gobernantes eran honestos y austeros administradores de los bienes públicos (ó al menos muchos lo parecían), los policías eran valientes y abnegados ciudadanos que nos defendían de los delincuentes, los militares esforzados héroes de carismáticos uniformes, ocupados en defender el país de alguna improbable invasión extranjera y los sacerdotes humildes y castos servidores de Dios abocados a la salvación de las almas.Algo pasó en algún momento que hizo que todo cambiara.Las realidades de hoy no se ajustan ni por asomo a los parámetros de aquel mundo ingenuo de nuestra infancia.No nos detendremos en los prototipos sociales descriptos, el espacio solo alcanza para reflexionar acerca del instrumento tecnológico que otrora nos ilusionaba, permitiría un abastecimiento infinito a futuro de aquellos bienes económicos, que la publicidad nos mentía, como ahora, eran garantes de la felicidad eterna. 300 multimillonariosEl control de la humanidad hoy, según se conoció en la prensa esta semana, lo han tomado unos 300 multimillonarios dueños de las empresas. Continúan alimentando la vana ilusión de que la felicidad es posible siempre que consumamos los bienes que ellos producen a través de los desarrollos tecnológicos puestos, no a resolver los problemas de los humanos, sino a incrementar las ganancias de sus propietarios.La inequidad global es cada vez mayor, la riqueza mundial año tras año se concentra más en estos individuos que la acrecientan valiéndose de desarrollos tecnológicos que van a contrapelo de las necesidades humanas y del futuro del planeta.Sistemas productivos basados en el agotamiento de la fertilidad de los suelos, la contaminación de los acuíferos, el envenenamiento de la atmósfera y de todos los seres vivos victimizados por estos individuos de ambición infinita y valores ausentes que compiten entre si para ver quien obtiene mayores dividendos a costa de todos y de todo.En estos meses de verano pareciera que los sucesos se ralentizan porque la gente se relaja un poco en aras del descanso estival, pero los gestores de esta realidad agobiante, de un planeta con destino de colisión inevitable no descansan, sus empresas día y noche imaginan y concretan nuevas estrategias inexorablemente basadas en la destrucción del hábitat de la humanidad.
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