Los dilemas locales que plantean los cortes de luz
Los problemas de suministro de energía han sido una constante en este verano. La ciudad encuentra aquí una falla estructural que conspira contra su futuro. Además, la Cooperativa Eléctrica parece atravesar su peor momento, en cinco décadas de existencia.Ante un crecimiento pico de la demanda, como el que ocurre en el período estival, el sistema de distribución local colapsa, y entonces sobrevienen los cortes de luz y la baja tensión eléctrica, generando zozobra entre los usuarios.No se está frente a un evento extraordinario que de repente haya roto la ecuación energética, y cuyas causas sean externas. Es decir, la situación no es imputable a una inesperada catástrofe natural.Se diría que la crisis energética que vive este verano Gualeguaychú era previsible, venía siendo advertida por la propia prestadora del servicio, y todo indica que vino para quedarse por un largo tiempo.¿Por qué, por caso, los cortes de luz? Escuchando a los técnicos del sector se deduce que el fallo reside en que algunos transformadores que hacen posible que la energía llegue a los hogares, no resisten.Esos dispositivos locales se ven globalmente superados por una demanda veraniega, que conjuga muchos aparatos eléctricos encendidos y una temperatura ambiente sofocante.De ahí que algunos de esos elementos se prendan fuego. Para cuidar los transformadores -y como por otro lado no hay de repuesto- la Cooperativa opta por hacer cortes preventivos, sofrenando compulsivamente la demanda.¿Cuál es la solución lógica a este problema? Desde la propia entidad responden: hay que poner en servicio transformadores con más capacidad. ¿Por qué no se hace? Pues no hay plata para hacer esa inversión.¿Y por qué no hay plata? Porque el atraso tarifario es de casi una década. O en otros términos: los costos de distribución de la prestataria no han sido acompañados por la tarifa, que en Entre Ríos es regulada por un ente provincial.La diferencia entre el precio de costo y el precio de venta es lo que tiene a mal traer a la Cooperativa. A esa relación le llaman Valor Agregado de Distribución (VAD). El problema es que el VAD no refleja el razonable margen que la Cooperativa necesita no ya para cubrir sus costos sino para encarar inversiones necesarias.El razonamiento, por tanto, sería: tarifa atrasada es igual a desinversión. La no inversión en equipamiento es igual a cortes de energía. "Hoy tenemos una crisis económica que está derivando en una crisis energética", resumió ante esta Hoja el titular de la Cooperativa, Guillermo Farabello.Y advirtió: "Lamentablemente tengo que decir que los inconvenientes van a seguir a menos que cambie el cuadro tarifario y podamos ir equipándonos. Y que la reversión del cuadro va a llevar su tiempo. Porque esto no se soluciona de un día para el otro".Son varias las preguntas que cabría hacerse. ¿Se puede desarrollar una ciudad sin energía? ¿Tiene lógica que Gualeguaychú, devenida en plaza turística, promocione en estas condiciones la llegada de visitantes? ¿Quién va a querer invertir en una ciudad que no puede garantizar el suministro de un insumo básico como la electricidad?El otro problema es el futuro de la Cooperativa Eléctrica, cuya situación de quebranto es idéntica a la de las otras 17 entidades del mismo tipo que funcionan en Entre Ríos.Aquí se ha instalado la hipótesis de que a estas organizaciones les queda poca vida. En efecto, insistentemente se especula que este cuadro de asfixia económica es la antesala a la estatización lisa y llana del sector.Cabría al respecto recordar el origen vecinalista que tuvo la Cooperativa, la cual empezó a brindar el servicio en febrero de 1961, producto de una movida persistente de los vecinos, cansados de una prestación ineficiente.La definitiva concesión del servicio a una cooperativa local se vivió entonces como una gesta vecinal.
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