Los efectos dañinos del maltrato digital
Ensañarse con el otro, a través de la burla o la ofensa cruel, no es algo nuevo. Pero el fenómeno ha adquirido un cariz inquietante de la mano de las nuevas tecnologías. Hoy el bullying (término inglés para designar el acoso) está adquiriendo dimensiones preocupantes.Cada tanto se informa de casos de hostigamiento escolar, de maltrato de carácter físico, psíquico o social hacia adolescentes, algunos de los cuales son llevados a tomar decisiones trágicas, como el suicidio.El esquema común de estas conductas es la existencia de un grupo agresor y una víctima elegida, que suele ser alguien que escapa a la norma o a lo que los demás esperan de él, y por tanto se convierte en blanco de ataques y burlas.Este fenómeno humano, que en realidad ha existido siempre, se ha potenciado a partir de los modernos aparatos tecnológicos. El llamado 'acoso cibernético' o 'ciberbullying', que se produce a través de las redes sociales, ha contribuido a incrementar de manera exponencial las formas del maltrato y la intimidación.La ONG 'Bullying Sin Fronteras' señala que sólo en el último semestre y en escuelas de la Capital y de la provincia de Buenos Aires se han conocido 780 casos de acoso, una cifra que se considera alarmante.Según la entidad, se verifica un gradual aumento de denuncias que, en los últimos cuatro años, creció un 30%. A todo esto, UNICEF ha estimado que entre un 50 y un 70% de los estudiantes de América Latina han sido acosadores, acosados o testigos del bullying.Según ha explicado a este diario el psicólogo Andrés Mazur, la modalidad en la web plantea diferencias con respecto al acoso tradicional. El problema, dijo, presenta tres rostros."Por un lado tiene que haber un acosador, que es el que digamos lleva la voz cantante, por el otro una víctima de ese acoso, y luego un grupo que lo condiciona y que funciona al menos como testigo. En este último caso, se trata de un grupo testigo que o bien está callado frente a las agresiones que presencia, o bien es cómplice también", señaló.Lo que comienza siendo un hostigamiento psicológico puede acabar en violencia física. La víctima, aislada, se encuentra de pronto en un callejón sin salida, y puede creer que quitarse la vida es una forma de liberación."Pensemos que para un chico de 13 años es muy importante el factor de identificación grupal. Pero si ese grupo lo marca, porque lo considera portador de un defecto, al punto de justificar que se lo agreda, eso tiene efectos catastróficos sobre la personalidad de ese chico", explicó Mazur.El acoso es una realidad que interpela a los adultos, a los padres y a las autoridades escolares. La clave pasa por estar atentos y preparados para poder detectar con anticipación estas realidades, que luego acaban en tragedias. Los especialistas señalan que el bullying se caracteriza por la clandestinidad.El niño, blanco del hostigamiento, suele conservar en secreto lo que le pasa. Puede ocurrir que rompa el silencio y verbalice directamente su problema. Si no lo hace, expresa sin embargo síntomas que se deben leer a tiempo.Entre esos síntomas se enumeran: no quiere ir a la escuela sin motivo aparente; pierde el dinero dado para el almuerzo, merienda o para el colectivo; tiene frecuentes cambios de humor; se manifiesta ansioso; le cuesta conciliar al sueño; está más sensible que de costumbre (llora o se queja); aparecen dolores psicosomáticos de panza o de cabeza.El camino de la solución, según los expertos, es aprender a anticiparse al conflicto mediante la prevención.
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