Los hijos de la Edad del Plástico
Con más de un siglo de vida el plástico se ha vuelto algo imprescindible y universal, aunque entraña una trampa para la vida en general, por su poder contaminante. Este producto fascinante de la industria capitalista, un derivado del petróleo, está en la base de nuestro sistema de bienestar. Su versatilidad, ligereza, resistencia y bajo coste ha hecho que se convierta en un material hegemónico.De hecho no sería exagerado decir que el estilo de vida contemporáneo sería muy distinto sin él. La sociedad humana se ha hecho adicta al plástico, al punto que nuestra era lleva su impronta.Sin embargo, este producto químico entraña un riesgo inquietante: es capaz de mantenerse en el suelo y en el agua durante más de 500 años y puede modificar nuestro sistema hormonal debido a los aditivos tóxicos con los que se elabora.El dilema reside en el hecho de que no sabríamos vivir sin el plástico (casi no existe ningún objeto en el que no esté presente), pero se trata de un elemento letal para la naturaleza, ya que no es degradable.En el mundo se producen 260 millones de toneladas de residuos de plástico, se consumen 1 millón de bolsas por minuto y éstas tardan entre 400 y 1.000 años en descomponerse.Los mares y océanos se han convertido en un gran vertedero de este material. Un estudio de la organización antipolución plástica '5 Gyres Institue', ha estimado que unos 5 billones de objetos de ese material de todos los tamaños flotan en los mares del planeta. Su peso acumulado llega a las 270.000 toneladas, suficiente material para llenar unos 11.000 camiones de transporte internacional.El documental 'Plastic Planet', del director austríaco Werne Botte, es un mensaje elocuente de los peligros que entraña este material sintético omnipresente en la vida contemporánea."Dios mío. Estamos rodeados de peligro y nadie lo sabe. ¿Seré el único?", dijo Boote al contar lo que pensaba durante el rodaje del film.A todo esto, el diario 'El País' publicó hace poco que un científico español de Harvard habría encontrado un material biodegradable, extraído del caparazón de insectos, con grandes chances de sustituir al sintético plástico.Javier Fernández es uno de los mayores expertos en quitosano, y cree que este material podría jubilar al plástico. El investigador dio con las bases para crear el 'shrilk', una mezcla a base de quitosano —material presente en caparazones de crustáceos e insectos— y fibroína —una proteína de la seda—.Fernández reprodujo la estructura de los insectos en la naturaleza para diseñar un 'shrilk' que posee una fuerza que duplica a la del plástico y, además, es biodegradable"La piel de un insecto está hecha de quitosano, proteínas y, en la parte más externa, hay una capa similar a la cera resistente al agua. El quitosano y la fibroína se combinan para dotar al esqueleto de rigidez (alas) o elasticidad (articulaciones)", explica el científicoEl investigador insiste en que no están creando un nuevo material. "Empleamos técnicas de microelectrónica y nanotecnología para diseñar la estructura y las propiedades extraordinarias que posee el quitosano en la naturaleza para poder, así, destinarlo a otras aplicaciones", explica."Hemos rescatado un material olvidado para tratar de usarlo como lo hace la naturaleza y de acuerdo con el medio ambiente", sentencia al tiempo que anticipa que "en un par de años la producción de quitosano" podrá ser a gran escala.
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