Los hombres que callan tienen en sus manos el destino electoral del gobierno
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Se acerca la hora de las definiciones y nadie puede quedar al margen. Desde la Presidenta hasta el último opositor deberán definir su estrategia y elegir sus candidatos. Tironeos, miserias y estrategias se mezclarán con el mensaje comunicacional de cada uno. Todos atenderán su juego. Jorge Barroetaveña En las primarias habrá el primer indicio. Las cartas gruesas se verán en octubre. Después de la última arremetida furibunda contra Daniel Scioli, Cristina Fernández de Kirchner empezó a enfocarse en el armado de las listas para las primarias de agosto. Con su mano derecha Carlos Zanini, comenzó a convocar a todos los representantes del kirchnerismo de las provincias, para ver dónde caerá el martillo. Una orden ya bajó clara: no habrá testimoniales como en el 2009, una movida que le falló a Néstor, porque terminó incitando a un doble juego de muchos candidatos, sobre todos los intendentes del Conurbano Bonaerense."El que sea candidato deberá asumir su banca", sentenció la Presidenta, aunque consintiendo alguna excepción. Si Alicia Kirchner o Florencio Randazzo, van en las listas, ¿aceptará que dejen sus ministerios con tanta facilidad? ¿Hoy, que no es tan fácil encontrar reemplazos en esas áreas clave?Después será ella en persona junto a Zanini los que digiten cada lista de cada distrito. No habrá candidato sin su autorización. La de octubre no sólo será una elección de medio mandato final, con todos los riesgos que eso implica, sino que servirá para asegurarle cierta tranquilidad en los dos años que queden por delante. Es oficial que no habrá reelección, porque ella misma lo dijo, pero tampoco es cuestión de inmolarse por una constitucionalidad ficticia. De Vido, Conti o Domínguez ya anunciaron que sólo ella garantiza el desarrollo y la vigencia del modelo nacional y popular, mientras le daban duro y parejo a Scioli. ¿Por qué? La estrategia tiene doble vía. Decir en público que no habrá intento de reforma, porque saben que las encuestas marcan un rechazo generalizado, pero al mismo tiempo instalar la idea del 'yo o el caos'. Polarizando la elección de octubre, más allá que la Presidenta no sea candidata, las chances de evitar fugas crecen y con ello las de entronizar definitivamente la idea de una 'imprescindible' reforma constitucional.Por un lado buscan esmerilar a cualquier alternativa, sea Scioli o Massa y simultáneamente asegurar que el recambio del 2015 no deje pedaleando en el aire a la Presidenta y su gente. La estrategia, de todas formas, oculta una debilidad: el kirchnerismo puro no tiene ningún candidato de peso, al menos por ahora, para hacerse cargo de semejante desafío. Si Cristina utilizará los dos años que le queden de mandato para buscar un 'delfín' o para formarlo a obra y semejanza, será otro gran interrogante. El desafío de la sucesión es algo que ni ella ni Néstor enfrentaron con demasiada asiduidad desde que sus carreras políticas nacieron en Santa Cruz. De hecho, Néstor obtuvo la reelección indefinida y ella fue varias veces legisladora nacional. Su vida política nunca fue un culto a la alternancia.La movida de 'péguenle' a Scioli alcanzó otro nivel de paroxismo esta semana, cuando Moyano, aprovechando el desbande, denunció que lo querían voltear y Felipe Solá azuzó el fantasma de la intervención, un escenario inimaginable para el oficialismo, equivalente a abrir las puertas mismas del infierno. Pero Scioli reaccionó. ¿Qué hizo? Mandó a su mujer, Karina Rabollini, a un programa de televisión en América. Consultada sobre a quién prefería, si a Mauricio Macri o a Aníbal Fernández, no dudó. "A Macri, porque lo conozco más...". Chán, chán. La osadía de Scioli no tiene límites claro está, aunque todavía a sus enemigos íntimos no les alcanza con semejante desplante.El panorama de la Provincia de Buenos Aires es tan complejo como cambiante. Sergio Massa, el gran actor que aún no movió sus fichas, tendrá que decidirse alguna vez. Si es candidato o no, si juega por adentro o por afuera o si va su mujer en lugar de él. Su irrupción en la carrera electoral promete un cimbronazo que afectará a oficialismo y oposición, porque su rápido estrellato recoge adhesiones de todos los partidos y le saca votos a todos por igual. Esta duda carcome a Scioli, aunque favorece a De Narváez, a quién otra vez las encuestas posicionan como en el 2009, cuando en alianza con PRO, derrotó a Néstor Kirchner. Extraño caso el del ex dueño de Casa Tía. Irrumpió abruptamente en el 2009, volvió al ocaso en estos años, pero la gente lo vuelve a tener en cuenta para pegarle un chirlo al oficialismo. Claro que gobernar es otra cosa y va más allá de un buen spot publicitario, pero tampoco hay que restarle méritos porque sobrevivir en la jungla bonaerense es para pocos.A medida que se acerca la fecha, se agiganta la importancia electoral de Buenos Aires. En Córdoba la disputa parece entablada entre delasotistas y radicales, aunque los primeros todavía negocian sumar a Héctor Baldassi, del PRO. En Santa Fe entre socialistas y PRO el panorama está complicado para el gobierno. Lo de sacar a Rossi de la cancha parece un manotazo de ahogado, buscando la anuencia de María Eugenia Bielsa, la mejor posicionada en las encuestas. En Buenos Aires Ciudad, el PRO y la interna abierta del centroizquierda entre Solanas, Carrió, Gil Lavedra y Prat Gay ponen en riesgo la banca del gobierno. Mendoza, otra provincia grande, quedó bajo el arbitrio del fantasma de Julio Cobos que se lanzó para una diputación. Sumando dos más dos, es fácil darse cuenta que en Buenos Aires, otra vez, como casi siempre, se librará la madre de todas las batallas. Pero allí está el hombre que busca su futuro, que aguanta lo que le tiran y que sólo su almohada sabe lo que hará. Scioli, usted tiene la palabra.
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